Caja de pandora / Fabricio Dávila Espinoza

Columnistas, Opinión


Esta expresión indica el potencial peligro de un asunto que, mal manejado, podría generar situaciones negativas. Según la mitología griega, Prometeo enfadó a Zeus al revelar el misterio del fuego a los humanos. Esta desobediencia convocó a los dioses del Olimpo y todos cedieron una virtud para crear a Pandora y una desgracia para ser guardada en un recipiente que llevaría su nombre. Todos los males fueron esparcidos al mundo al abrir por curiosidad esta caja.

Con un nombre bastante parecido, el último fin de semana, fue bautizada una acción que revela los tesoros ocultos de políticos, empresarios, artistas, deportistas,… La publicación implica a relevantes personajes a escala mundial. Por supuesto, no es ironía, sería raro que el Ecuador esté al margen de una noticia de esta naturaleza. Esta vez, el turno le corresponde al actual presidente.

Los Papeles de Pandora o Pandora Papers, corresponden a una publicación realizada por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ), que a su vez, sería la mayor revelación sobre manejos financieros misteriosos. La ICIJ es una agrupación, creada en 1997, en la que participan periodistas de investigación de más de 65 países. La notoriedad de esta corporación creció el 2016, cuando se hicieron públicos los llamados Papeles de Panamá.

Esta nueva caja de pandora, fue abierta gracias a la filtración de documentos confidenciales, de despachos de abogados especializados en la creación de negocios en paraísos fiscales, o sea, jurisdicciones donde las fortunas pueden encontrar alivio tributario. Para nadie es oculto la existencia de territorios que acogen a sociedades offshore, es decir, entidades cuya ubicación está fuera de los límites nacionales de origen. Los sitios más paradisíacos con estos fines serían Suiza, Bermudas, Panamá, las Islas Caimán y algunos menos conocidos como Mauricio, Dublín y Belice. Entre otros lugares.

Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, los paraísos fiscales son deseados porque tienen impuestos mínimos o inexistentes sobre los ingresos, carecen de intercambio de información, muestran poca transparencia y no tienen actividades económicas sustanciales propias. En este clima, el dinero procedente de actividades ilícitas podría ser un huésped de honor.

El presidente, Guillermo Lasso, no desconoce su participación en sociedades offshore, años atrás, pero también asegura que su conciencia está libre de culpa, al tiempo que pide a la Asamblea Nacional y la Contraloría auditar su fortuna. Aunque no lo pidiera, estas acciones deberían realizarse de oficio.  La inocencia del presidente deberá confirmarse y, aun así, su calidad ética podría quedar manchada. (O)

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