Armonía y el equilibrio/ Kléver Silva Zaldumbide

Columnistas, Opinión



Una de las generosidades divinas más grandiosas otorgadas al ser humano es la “sabiduría inconsciente” muy interna en cada uno de nosotros. Son nuestras respuestas fisiológicas, las cuales cumplen normalmente una función autorreguladora y además tienden siempre hacia la curación en el verdadero sentido de la palabra. En todo nuestro entorno natural observamos mecanismos de autorrecuperación y autosanación, Pareciera que en la esencia misma de cualquier ser vivo hay una inclinación natural hacia la recuperación de funciones normales como un proceso dinámico y constante.

El fundamento filosófico de la medicina oriental es el reconocimiento de las leyes naturales y lógicas, el orden natural de todos los fenómenos de transformación que nos acontece y sucede alrededor de nosotros. Un ciclo constantemente cambiante y el respeto de ese “camino” a seguir. Por tanto, la armonía y el equilibrio son algo esencial para la salud. Se considera al cuerpo como un todo, por ello, el estrés o el daño de un órgano, glándula o sistema debilita el cuerpo entero. Una buena parte de los trastornos funcionales del cuerpo se regulan a sí mismos y tiende de manera natural hacia el equilibrio siempre que se le permita y si se interviene tempranamente con orientación preventiva y con estrategias inocuas e inofensivas. El conocimiento de que cuerpo, mente y espíritu están totalmente integrados ya tiene más de 4.000 años en oriente mientras que en nuestro hemisferio no hace mucho que se están asociando las especialidades como psico-neuro-inmuno-endocrinología y sus participaciones vinculadas en las diferentes enfermedades, es decir la íntima relación de la esfera mental, emocional, el sistema nervioso, las defensas y las hormonas.

Promover en el ser humano salud es plantearle un nuevo perfil de comportamiento de frente a la concepción de ésta, un esquema educativo-orientativo como un derecho y un deber  el mantener y respetar su salud, poseer una política preventiva antes que curativa,  pulverizar esquemas de pensamiento aparentemente quemeimportistas sobre nuestra salud y alimentación que hemos venido arrastrando ancestralmente, influenciados por varios factores culturales, familiares, personales y hasta de intereses comerciales, destruyéndonos nuestra autoestima de salud.

El punto de vista oriental con su definición propia, vislumbra la naturaleza holística de la salud, considerando como un proceso de armonía física, mental y espiritual. Se considera que, las primeras manifestaciones de cualquier enfermedad suelen ser bastante leves, el organismo, utilizando mecanismos de alarma, “avisa” la necesidad de un ajuste en cierto aspecto de nuestra vida, es allí donde las terapias restaurativas e inofensivas como Acupuntura, Moxibustión, masaje, etc., son muy valiosas ante los primeros síntomas de desequilibrio orgánico-funcional y también ya cuando se ha hecho crónico tal o cual problema como consecuencia de un sistema inmunológico incompetente ante las amenazas actuales diarias. Quien padece una enfermedad difícilmente puede aspirar a una real curación, sea cual sea el tratamiento que reciba, mientras no haga modificaciones a su estilo de vida y mientras su vida emocional continúe con serias perturbaciones. (O)

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