Árboles Insignes / Dr. Gabriel Morales Villagómez

Columnistas, Opinión

Los árboles no son solamente árboles, son depositarios de la memoria histórica, de la identidad de los pueblos, y se constituyen en referentes para recordar a las nuevas generaciones los procesos políticos, históricos, sociales y culturales. Los árboles, así como las personas germinan, se enraízan crecen y luego de dejar su semilla, añosos desaparecen, pero su memoria pervive en el imaginario de la gente.

José de la Cuadra en su novela “Los Sangurimas” propuso una visión del hombre y del pueblo montubio, asimilándolo al matapalo, árbol que se erige como un ser genuino, con varios ramales fuertes y hojas a las cuales sacude la tempestad. Así como este árbol la familia montubia de los Sangurimas se apoya en una organización genealógica que asume la forma natural del árbol con una división en cuatro raíces semejantes a unas garras. La división de la estirpe en bandos culminará con la caída del simbólico matapalo.

Nelson Estupiñán Bass autor de “Cuando los guayacanes florecían” denuncia los abusos que sufren los negros en la provincia de Esmeraldas, en torno a describir la revuelta de Carlos Concha, organizada tras el asesinato y arrastre de Eloy Alfaro en las calles de Quito. Se describe las arbitrariedades cometidas, la opresión, el abandono y la explotación del negro; la corrupción de las clases poderosas representada en los hacendados. El título de la novela se relaciona con los meses que van de septiembre a diciembre en los que los guayacanes toman una hermosa coloración amarilla, por sus flores y la caída de sus hojas, como “Esmeraldas que entonces era una fiesta de color y de esperanza.”

En el Colegio Ambato se encuentra el único árbol de alcornoque o de corcho, traído al país desde Chile y sembrado por Augusto N. Martínez en 1914. Allí en el patio del Colegio se aprecia el frondoso árbol, el mismo que generación tras generación ha sido testigo silencioso de las vivencias juveniles de miles de estudiantes y de la generosidad de sus maestros, de quienes guarda sus sueños, sus inquietudes, sus secretos y los recuerdos más hermosos de su paso por tan querido Colegio.

Según Gerardo Nicola López, el presidente García Moreno, en mayo de 1865, recibió de la “Sociedad de Aclimatación de París” dos grandes cajones con abundantes y variadas semillas de eucalipto. Nicolás Martínez abrió los cajones por encargo del Presidente y por causas relacionadas con el viaje, germinaron solo dos semillas; una planta de eucalipto fue sembrada en la Quinta La Liria junto a la casona. El eucalipto creció tanto que con sus raíces amenazaba tumbar la casa, razón por la cual tuvo que ser cortado en 1905. El otro árbol fue sembrado en la quinta del Dr. Benigno Vela, donde hoy es el barrio Obrero. Este árbol patrimonial, que medía 8 metros de circunferencia y 75 metros de alto, fue talado hace pocos años, en medio de disputas familiares de los últimos propietarios y del descuido de la administración municipal.

Pero quizá el más emblemático ha sido el árbol de Montalvo, un frondoso aguacate que según Rafael Vieira, primer cronista de Baños, se encontraba a pocas cuadras de los baños del cangrejo y se elevaba a más de 25 metros de altura. A la sombra de este árbol Don Juan habría recreado su genio, siendo su fronda protectora, reposó y alimentó de su excelso pensamiento. Por su vetustez tuvo que ser talado y en el mismo lugar sembrado otro, que se nutre de la misma sabia que el primero, como regenerando la memoria, como haciéndonos ver que el pensamiento de Montalvo sigue latente, que su lucha en contra de las injusticias y los tiranos es la lucha del presente. (O)

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