Amor por la vida /Mirian Delgado Palma

Columnistas, Opinión



El raudo vuelo de la vida constituye un efímero viaje, que inicia con las primeras palpitaciones de nuestro ser y termina cuando el capitán -Dios- anuncia que llegaste a la estación de tu destino.

Durante este corto pero maravilloso viaje dejamos en cada estación de nuestras vidas un lienzo matizado con colores resplandecientes y grises; coloreando nuestros sueños y vivencias, con amor e ilusiones.

La vida es un regalo del Creador, es la esencia misma de la existencia; hay que vivirla a plenitud, sintiéndola en las fibras más íntimas de nuestro corazón la belleza resplandeciente de un nuevo amanecer. En ocasiones habrá mañanas tétricas, noches tenebrosas, caídas peligrosas; lo que importa, es la fuerza que le pongamos para levantarnos y seguir, siendo auténticos guerreros, enfrentando las batallas con decisión valor y optimismo.

El valor que le demos a la vida depende de nuestra manera de pensar, actuar y sentir; herramientas eficaces que oportunamente usadas se constituirán en grandes murallas para impedir el paso de los malos compañeros de viaje, como: el pesimismo, la ansiedad, el stress, la depresión, etc.; detractores de la felicidad, que se anteponen al don Divino.

La felicidad, es la esencia más exquisita de la vida, que emana de corazones sencillos, nobles, puros y generosos. Lo mejor y más bello que tiene la vida, es el camino hacia la felicidad. La felicidad tenemos que sentirla porque es de contenido existencial y humano. Quienes rehúsan a la felicidad apagando la luz del amor y encendiendo la lámpara de la amargura, el desamor y la indiferencia, se destrozan a sí mismos, porque ahogaron sus sueños e ilusiones y la esperanza dejó de palpitar.

Parece enigmático, a nadie le gusta sufrir, llorar, tener dificultades, pero irremediablemente son estados anímicos que forman parte del diario vivir; son visitantes pasajeros; dolores que hay que asimilarlos con paciencia, envolviéndolos con gran dosis de “Fe”; eje central que sostiene nuestras vidas.

Dejar de soñar mientras haya vida, es un error; mirar atrás y lamentarse por el pasado, no tiene sentido. Nada es estático en la vida, todo pasa, todo cambia. Lo que importa es la calidad de pintura y cuantas pinceladas se dieron al paisaje de cada etapa la vida; y al final, qué panorama luce para su descendencia.

Caminar sin amor por la vida, es como atravesar el mar sin una brújula, transitar por la vida sin luz, ir a una gran fiesta sin música, mirar el firmamento sin estrellas, ver correr el rio sin escuchar su armonioso murmullo; vivir la vida que Dios nos regaló sin esa caja musical que se llama corazón, es despreciar la razón Divina de la existencia. En hablando de la vida, Bertrand Russell, revela que: La buena vida es la que está inspirada por el amor y guiada por el conocimiento. (O)

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