Allanamientos en conticinio

A pesar de ser poco común, la palabra conticinio es precisa; deriva del latín conticinium y alude al momento más profundo de la noche, cuando todo está en silencio y la ciudad duerme.
Es curioso, aquellas horas de la madrugada son las elegidas por la Fiscalía para llevar a cabo allanamientos de gran impacto político. Casi siempre en la madrugada y siempre con micrófonos, cámaras encendidas y con personas sorprendida en ropa de dormir.
No se cuestiona que se investigue. Hacerlo es una obligación del Estado. Lo que sí resulta legítimo preguntar es por qué la justicia ecuatoriana ha convertido el conticinio en escenario recurrente de un espectáculo mediático que, muchas veces, dice más por la forma que por el fondo. La atención se desvía hacia el color del pijama, la expresión del allanado o el dramatismo del operativo, mientras las preguntas esenciales quedan relegadas.
El financiamiento de las campañas electorales con dinero oscuro es un asunto que debería ser el foco del debate hoy. El Ecuador tiene un reglamento electoral que fija límites y supervisiones sobre las fuentes de financiamiento y el gasto. No obstante, ese control es débil y, en la práctica, no tiene eficacia. No existe un seguimiento auténtico del origen de los recursos que financian las millonarias campañas políticas.
Cuando no se controla el dinero, la política se vuelve vulnerable al narcotráfico, al lavado de activos y a las mafias. No es una novedad. En 2009, las revelaciones vinculadas con las FARC y posibles aportes al movimiento Alianza País quedaron envueltas en sombras. Nunca hubo una investigación concluyente ni responsables claros. El problema no se resolvió; se postergó.
Hoy, nuevas investigaciones apuntan a figuras del correísmo, ahora Revolución Ciudadana. Deben investigarse, sin duda. Pero no sólo a ellos. El problema no es un grupo político, sino un sistema incapaz de controlar quién pone el dinero y a cambio de qué. El espectáculo del allanamiento nunca reemplazará la falta de control previo.
El verdadero peligro ocurre después. Cuando campañas financiadas con recursos presuntamente ilegales llegan al poder. El gobierno nacional y las autoridades seccionales quedan secuestrados. Entonces vienen las compensaciones: contratos amañados, obras infladas y silencios cómplices.
Menos conticinio y más control. Menos show y más transparencia. Porque la democracia no se defiende con allanamientos espectaculares, sino evitando que el dinero sucio entre, desde el inicio, por la puerta grande. (O)
