A modernizar los “baluartes de la ignorancia”. 1790

Vamos tras los derroteros humanísticos de un obispo español que ha sido relegado de nuestra memoria grata, quien, “Como Obispo de Quito tuvo un rol importante dentro de la reforma universitaria y la creación de la Sociedad Patriótica de Amigos del País” (Wikipedia). Se trata del Dr. José Pérez de Calama, nacido en España en 1740, y una vez graduado de doctor fue profesor de la universidad de Salamanca. Por su historial sabemos que en 1765 vino a México donde permaneció 12 años “tratando de implementar su política teológica caritativa”, dada su experiencia de superación personal por su prematura orfandad. En 1790 fue elegido obispo de Quito y partió para Sudamérica.
“Habiendo llegado con experiencia e ideas claras empezó rápidamente a proponer e implementar reformas para combatir la decadencia en la cultura de la Real Audiencia. Para ello empezó a hacer conferencias parroquiales, asambleas diarias dos veces que se llevaban a cabo en el Colegio Mayor y el Seminario de San Luis, así como cambios a la instrucción teológica y de bellas letras. Tomando como referencia a las noches vaticanas que se hacían en Europa, empezó a organizar noches quiteñas para mejorar el nivel cultural de los seminaristas. Poco tiempo después publicó su Plan de estudios entre los años 1791 y 1792” (Wikipedia).
Según leo en el libro “Surge la Nación” / la Audiencia de Quito, escrito por Ekkehart Keeding (Berlín, 1940), Pérez de Calama, “en 1789, hizo transportar su voluminosa biblioteca en 66 cajas (desde España) hacia Quito; de esta y de las obras pedidas a Madrid en 1791, se pueden reconstruir hoy 98 textos (en 2005 se publicó en libro en Quito por el Banco Central).
“A partir de septiembre de 1791, puso a disposición incondicional de la formación quiteña todo su acervo bibliográfico. El objetivo de este gesto, único entre los obispos de Quito era <<la resurrección de esta nuestra moribunda Patria, debido a que las universidades y colegios en España y en Indias han sido (y lo peor es, que continúan) el baluarte de la ignorancia >>” (p. 270). Esta apreciación de Pérez de Calama sobre la educación hispanoamericana, viene citada de lo dicho por el propio Obispo en un discurso publicado en Lima por el periódico Mercurio Peruano.
A propósito de este periódico se comentaba que el trabajo de este obispo dominico en Quito, fomentaba una “defensa de América” y que se estaba convirtiendo en un auténtico “gestor cultural”, definida por los enciclopedistas de Lima como Revolución Cultural “con el fin de informar a Europa sobre la América moderna, y no solamente viceversa.
“En Quito y en Lima, los intelectuales vieron en la biblioteca de Calama la esperanza de que, a través de ella, se haga una revolución social y económica en cuanto al conocimiento progresista de los americanos. El Obispo, personalmente, buscó esta revolución mediante la difusión de la literatura ilustrada en toda la Diócesis.”
“Calama entregó a la Universidad un plan de estudios impreso de cuatro partes, cuyas clases de filosofía se fundamentaban en el curso racionalista de Jacquier y textos sobre ciencias empíricas: geografía, cartografía, historia, cronología, matemáticas y astronomía. A los sacerdotes de la ciudad les obligó a realizar dos horas de lectura reflexiva de textos mundanos, cada día también sobre América.”.
Esto hay que contrastar con los aprendizajes que se venían impartiendo, como en este ejemplo: “El sistema planetario heliocéntrico de Copérnico no fue aceptado ni defendido en las clases (aulas) de los jesuitas en Quito antes de 1760…” Estaban anclados dando explicaciones bíblicas. En esto, Pérez de Calama coincidía con el pensamiento de Eugenio Espejo, estaban en contra de lo que imponía la Corona que había prohibido el probabilismo por no entrar en contradicción con los jesuitas. Pérez de Calama decía que los estudios en España eran “enfermedad y cáncer”. “Lo que Antonio de Ulloa escribió en 1748 sobre la falta de formación científica de los quiteños, sería válido para la formación en la España europea y americana”. (O)
