Trabajemos en el negocio, no dentro de él

Columnistas, Opinión

Es verdad que la labor empresarial en un inicio implica, desde barrer el local, comprar materia prima, solicitar crédito, procesar los productos, atender a los clientes, vender, pagar los servicios básicos, etc. sin embargo a medida que el negocio crece, veo un problema y, es que la persona que generó la idea se vuelve un obrero más de la entidad y deja de lado la creación de procesos y sistemas, volviéndose unos esclavos de la empresa que crearon.

La habilidad de delegar, dirigir al recurso humano y capacitarlo de acuerdo a sus necesidades se vislumbra como un proceso clave para que el negocio fluya y genere la rentabilidad deseada; algunos empresarios no pueden abandonar ni un solo instante su negocio, y eso que cuentan con el personal adecuado y capacitado para realizar las actividades, talvez no les tienen confianza para el cumplimiento de funciones o quizá sucede todo lo contrario, los empleados descansan mientras que el propio dueño se pone a realizar sus actividades.

Lo óptimo sería que creemos sistemas, analicemos los indicadores financieros y tomemos decisiones oportunas, para llegar a que “el negocio funcione, aunque no estemos presentes”.

En un simple ejemplo podemos visualizar este enunciado,  en un restaurante (en Ambato hay muchos), el propietario se encarga de servir mesas, cobrar, supervisar, pulir cada plato, ir al mercado, realizar las compras, pagar deudas, etc. pero que diferente se presentaría si, el propietario, se encarga del menú, los procesos,  dando responsabilidades a cada uno de los trabajadores, establece los controles, los indicadores y realiza el marketing, consiguiendo que el equipo opere correctamente, sin depender de él.

El socio de mi anterior empresa solía manifestar que en calidad de dueños,  deberíamos establecer programas de crecimiento empresarial y dejar de lado el control de calidad (yo le exigía que hagamos nosotros mismo para verificar la correcta entrega del producto terminado), mencionaba que debemos aplicar la división del trabajo  y la ley de las ventajas competitivas para que cada colaborador, incluidos nosotros, encontremos el sitio que mas requiere la empresa y en el cual somos más aptos para cumplir cometidos  planificados.

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