Maternar sin perderte

Columnistas, Opinión

Vivimos en un mundo que va de prisa. Estamos en constante comparación, tenemos acceso a demasiada información y parece existir una regla sobre cómo deberíamos criar o acompañar a nuestros hijos. Así, la maternidad puede volverse compleja y agotadora. Aunque muchas mujeres sienten culpa por admitir que están cansadas, frustradas o que hay días en los que no disfrutan de su maternidad, es importante decirlo: sentirte así no te hace una mala madre, te hace humana. La maternidad implica cambios biológicos, psicológicos y relacionales; cambian los roles, los vínculos, las prioridades e incluso la propia identidad. Por eso no es extraño sentir que atravesamos una montaña rusa emocional.

Hablar de salud mental materna no debería ser algo secundario. La Organización Mundial de la Salud señala que casi una de cada cinco mujeres puede experimentar algún problema de salud mental durante el embarazo o el primer año después del nacimiento de su bebé. Si eres mamá, tu bienestar no debería quedar al final de la lista. El autocuidado no es un lujo ni un premio que tienes que ganarte después de terminarlo todo. Es parte de la base que te permite sostener tu maternidad.

Pero aquí aparece otra trampa: querer hacer incluso esto de manera perfecta. Donald Winnicott habló de la “madre suficientemente buena”, cuestionando la idea de que los niños necesitan una madre perfecta. Tus hijos no necesitan que nunca te equivoques. Necesitan aprender que equivocarse es humano, que mamá a veces se cansa o pierde la paciencia y que podemos reconocerlo, reparar y hacerlo diferente. Lo importante no es evitar todo conflicto, sino aprender a regresar después: pedir perdón, escuchar, reparar y volver a conectar.

Quizá una maternidad más ligera comienza ahí: cuando dejamos de intentar ser madres perfectas y nos permitimos ser madres humanas. Madres que aman profundamente, pero también se cansan. Que cuidan, pero también necesitan ser cuidadas. Que acompañan a sus hijos mientras aprenden a acompañarse. Porque una maternidad ligera no es una maternidad sin caos ni días difíciles. Es una maternidad en la que, aun en medio de todo eso, tú también tienes un lugar. (O)

Psicóloga Clínica – Del Caos a la Magia

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