Seccionales: El termómetro de las organizaciones políticas

Columnistas, Opinión

A pocos meses de las elecciones seccionales de noviembre de 2026, el panorama político ecuatoriano se presenta más como un tablero de ajedrez fracturado que como un campo de ideas en disputa. Las organizaciones políticas, especialmente aquellas de la oposición, enfrentan un proceso de definición de candidaturas marcado por pugnas internas, imposiciones verticales y, en no pocos casos, por la primacía de la ambición personal sobre los acuerdos programáticos. Lejos de fortalecer proyectos políticos consolidados, estas divisiones debilitan la capacidad de ofrecer alternativas coherentes a una ciudadanía cansada de la inestabilidad y la inseguridad. 

El correísmo, principal fuerza opositora, ilustra con crudeza esta dinámica. Suspendido temporalmente por el Tribunal Contencioso Electoral, el movimiento Revolución Ciudadana (RC) se alió con el movimiento Amigo -fundado por el sentenciado Daniel Mendoza- para participar. Sin embargo, la selección de candidatos ha revelado fisuras profundas. En provincias como Manabí o Guayas, han surgido discrepancias entre dirigencias provinciales y bases locales, con denuncias de imposiciones que han llevado a renuncias y rechazos públicos. Estos episodios no son anecdóticos o aislados: reflejan un modelo de “democracia interna” que, en la práctica, prioriza lealtades personales sobre procesos participativos genuinos. 

Un caso emblemático es el de Mónica Luzárraga en Guayaquil. La abogada generó expectativa entre los simpatizantes de la izquierda cuando su nombre formaba parte de las precandidaturas de la Revolución Ciudadana. Sin embargo, Rafael Correa descartó tajantemente su candidatura por RC y, a la par, Gabriela Rivadeneira saltó a criticarla. Este episodio trasciende lo personal: evidencia cómo la ambición por controlar candidaturas y mantener estructuras cerradas puede prevalecer sobre la construcción de consensos reales. En lugar de sumar talentos y ampliar bases, se opta por la disciplina vertical, incluso cuando el candidato respaldado enfrenta obstáculos que comprometen su viabilidad electoral. 

La política, en su esencia, debería ser el arte de conciliar intereses diversos en torno a proyectos colectivos. Las seccionales serán el termómetro para verificar la salud de las organizaciones políticas y cuan fragmentadas o unidas se encuentran entorno a ideales. Si la oposición no supera estas divisiones, arriesga no solo perder territorios, sino perder credibilidad ante la ciudadanía. (O)

alvaro.sanchez2000@hotmail.com

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