¿Hubo o no intimidaciones?

La Tricolor llegó hasta donde pudo llegar en el Mundial de Fútbol, no hasta donde sus integrantes se propusieron. Tampoco hasta donde soñó la afición deportiva. En el fútbol se gana, se empata o se pierde. En el partido contra México la opción era una sola: ganar, la misma meta del rival. La versión sobre amenazas de cárteles mexicanos contra jugadores de la selección de Ecuador, en la víspera del partido frente a México por los dieciseisavos de final del Mundial, exige una respuesta de la Federación Ecuatoriana de Fútbol. El silencio no aporta certezas. La especulación tampoco ofrece un camino para la confianza. Un torneo de alcance mundial representa una competencia deportiva bajo normas de seguridad, organización y cooperación entre autoridades nacionales e internacionales.
Cualquier afirmación sobre intimidaciones de organizaciones criminales afecta la imagen del certamen, de los países participantes y de las instituciones responsables del fútbol. Por esa razón, el asunto reclama una aclaración pública, precisa y sustentada. Si la versión carece de fundamento, la Federación tiene el deber de desmentirla con firmeza. Si existió algún hecho que motivó medidas de protección o reportes de seguridad, la misma institución necesita informar hasta donde las investigaciones y los protocolos lo permitan. La ausencia de una explicación abre espacio para rumores que afectan la credibilidad del deporte. El fútbol tampoco vive aislado de la realidad. La historia conserva episodios que obligan a tomar cualquier denuncia con seriedad. El asesinato del seleccionado colombiano Andrés Escobar, después del Copa Mundial de la FIFA Estados Unidos 1994, permanece como una referencia sobre el alcance que el crimen organizado puede ejercer cuando intereses económicos y apuestas ilícitas rodean una competencia deportiva. Ese crimen dejó una marca que aún ocupa un lugar en la memoria del fútbol.
Ese antecedente no autoriza conclusiones apresuradas sobre el caso actual, pero sí justifica la necesidad de una investigación y de una comunicación institucional. La prevención también forma parte de la responsabilidad de quienes administran el deporte. La Federación Ecuatoriana de Fútbol posee la oportunidad de cerrar cualquier espacio para la duda. Una declaración oficial permitirá proteger la tranquilidad de los jugadores, la confianza de la afición y el prestigio del Mundial. La transparencia constituye la respuesta que corresponde ante una versión de esta naturaleza. El fútbol merece competencia dentro de la cancha y certeza fuera de ella. Ningún rumor puede ocupar el lugar de la verdad, y ninguna institución responsable debe permitir que la incertidumbre prevalezca sobre los hechos. (O)
