Diferencia entre mandamiento y deber

Columnistas, Opinión

La sociedad está más acostumbrada a ejecutar mandatos que a cumplir deberes. Por eso es frecuente confundir un deber con un mandamiento.

El mandamiento es la orden que nos llega promulgada por un agente externo, que tiene autoridad o, al menos, poder para imponerlo.  Es algo que se nos exige desde fuera, mientras que el deber emana del interior del individuo y es el resultado de una convicción íntima:  lo reconocemos y admitimos nosotros mismos y lo realizamos por convicción.

No todos los mandamientos tienen la consideración de deberes,  pues hay muchas órdenes que,  por su índole nociva o deshonesta, debería llevar consigo el deber de no cumplirlas. En cambio, el deber suele llevar implícito el sentido de obligación moral, lo que es mucho más  vinculante que la orden, a veces tiránica que se nos impone en contra de nuestra voluntad.

El mandamiento exige obediencia sin reflexión ni discernimiento y puede acatarse por sumisión a la jerarquía, por fe ciega en  el líder o por miedo a las consecuencias perjudiciales de la desobediencia. El deber no nos pide nada mas que lealtad con nuestras propias ideas y convicciones.

El individuo que es objeto de un mandamiento queda siempre expuesto a  la censura, favorable o adversa, de quien se lo impuso. Sin embargo, el que cumple un deber no impuesto,  como no  se encuentra acatando órdenes, no está pendiente de la opinión de los demás y no necesita más aprobación que la de su propia conciencia.

El mandamiento responsabiliza a quien lo ordena y libera de toda consideración ética al que obedece¸ el cumplimiento de un deber hace al individuo único responsable moral de sus  actos.

El mandamiento puede convertirse  en el recurso represivo de los poderosos para dominar a las masas y a los individuos más débiles;  el cumplimiento de un deber no impuesto no puede ser jamás represivo,  puesto que no se debe  a ningún tipo de presión,  sino a un acto libre de servicio a la sociedad.

El mandamiento implica siempre una relación de sumisión de quien lo ejecuta ante quien lo impone; en cambio,  el cumplimiento de un deber confirma nuestra dignidad como dueños responsables de nuestros propios actos.

Finalmente, el hombre es esclavo de los mandamientos que se le imponen y dueño de los deberes que él mismo  se reconoce.

 Tomando estas ideas como fundamentos de esta obra, queremos aportar a la sociedad nuestro granito de arena (humilde e insignificante; pero voluntarioso), convencidos de que, como ya se dijo antes,  si todos cumpliésemos nuestros deberes,  no habrían falta mandamientos ni reclamaciones de derechos. (O)

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