¡Qué triste!

La Inteligencia Artificial (IA por sus siglas en inglés) recién comienza a caminar y ya está dando qué hablar de formas realmente impresionantes.
No es solo la velocidad y precisión en sus respuestas, tampoco la versatilidad y eficiencia en cada una de ellas, y menos aún la calidad -e incluso cantidad- si eso es lo que le pedimos, de hecho, ni siquiera es el inabarcable campo de conocimiento que ofrece.
La IA es todo eso y un universo de posibilidades más. Una pequeña parte de ese universo es haber logrado, en tan poco tiempo, mantenernos a los humanos en latente incertidumbre al sabernos incapaces de identificar si un audio, video o cualquier tipo de interacción son reales o generados por IA, lo cual es muy triste. Le cuento por qué en tres casos:
Un famoso creador de contenido especializado en IA grabó en vivo la conversación de una estafa telefónica que una IA pretendía hacerle. Mientras la voz le contestaba, él muteaba el aparato para explicarnos lo que le iría diciendo a fin de desenmascarar al impostor. Finalmente lo logró y demostró que efectivamente esa voz que sonaba tan auténtica y natural, que marcaba entonaciones, ritmos y pausas tan inconfundiblemente humanos, era realmente una voz falsa. La verdad, ahora incluso sabiéndolo, yo jamás lo notaría.
En el siguiente caso, aunque al principio caí, al segundo y tercer videos me di cuenta que algo no encajaba. En una sala, un grupo de personas esperan ser los escogidos padres adoptivos de un perrito sin hogar que se pasea entre ellos, los observa, los huele y una vez que decide quién será su nuevo dueño, se lanza amorosamente a sus brazos. Como este, hay varios videos igual de tiernos y muy difíciles de aceptar que son falsos.
Estos dos casos están plenamente identificados como IA, pero el siguiente aún no puedo señalar con certeza si también lo es. Y es a eso a lo que me refiero: es triste saber que hoy en día la autenticidad de cualquier cosa publicada en medios está en duda.
Una cámara de seguridad de un pequeño negocio capta a una niña de unos cinco años sentada junto a su padre quien atiende en la caja. De pronto, entra un tipo apuntando con una pistola con la intención de robar. No hay audio, pero se nota que el ladrón grita y exige celeridad. El hombre le entrega el dinero, pero justo antes de huir, ocurre algo increíble: la niña le ofrece al ladrón un chupete que tenía en su mano. El ladrón se desploma emocionalmente: respira, mira al cielo, besa a la niña en la frente, le devuelve el chupete, devuelve el dinero robado y se marcha.
Hasta hace poco, cuando veía este video, me emocionaba hasta las lágrimas constatar de lo que es capaz el amor y la inocencia de un niño, ahora me digo “no seas tonto, eso posiblemente nunca ocurrió”.
¡Qué triste!
