Transparencia y verdad

Columnistas, Opinión

La transparencia es la cualidad o principio que permite que las acciones, procesos, datos o instituciones sean claros, honestos y comprensibles para terceros. Con este mecanismo de control social, las autoridades del Estado y servidores públicos, informan periódicamente a la ciudadanía sobre su administración, el manejo de fondos y los resultados obtenidos. Su objetivo es evitar la corrupción y garantizar el derecho ciudadano a la información.

En la “Rendición de cuentas”, es deber y responsabilidad, explicar al detalle para justificar ante la colectividad sobre la gestión realizada, el uso de los recursos asignados en el cumplimiento de metas. Aunque no hay norma que lo impida; se evidencia distintivos partidistas, respaldo de simpatizantes; funcionarios obligados a asistir. La solemnidad del acto se rebaja a un simple mitin político. 

Hablan de una sociedad de transparencia y son ciegos a la hora de rendir cuentas, todo está bien entre ellos y las felicitaciones llueven mientras se mienten así mismos. Transparencia y verdad no son idénticas, aunque están relacionadas, operan en planos diferentes. ¿Por qué será que la transparencia hace sospechoso todo aquello que se somete a la visibilidad?; esta anuencia por destacar obras, antes que logros estructurales institucionales que vayan en beneficios de la sociedad; es una obsesión materialista efímera como la duración de algunas obras.

La transparencia no es solo un concepto, es una forma de vida; no basta con quitar paredes, trabajar en ambientes abiertos, colocar rótulos con frases elocuentes. Es ser consciente de que están siendo vistos en su tarea personal e institucional. La verdad es la correspondencia de los hechos con la realidad; los rótulos deben ser coherentes con su función; es el acto de mostrarse claro, honesto y sin ambigüedades, permitiendo que las intenciones y acciones sean evidentes. 

En los informes hay un innegable sesgo partidista. Todos luchan por el poder, el poseedor del poder arrasa con la resistencia y la lógica, ese es el mensaje; aquí no caben principios sociales, es el momento de “poner en su sitio” a los adversarios políticos porque tiene libertad total al hablar. Y lo hacen sabiendo que este es el momento de asumir la responsabilidad de las propias acciones ante un colectivo elector, permitiendo que otros evalúen el progreso o ayuden a corregir los errores que no permiten el desarrollo social que ofrecieron en su plan de campaña.

La transparencia activa, es el pilar que garantiza que las decisiones, costos y recursos del Estado y de los impuestos ciudadanos sean accesibles, diáfanos y comunicables al público. Hastía y fastidia saber que se dispendian nuestros dineros en obras fatuas, en adquisiciones innecesarias o en el pago a funcionarios cuestionados por su deficiente labor. La transparencia pasiva, también es decir qué acciones se implementan para asegurar la calidad institucional, prevenir la corrupción y consolidar el desarrollo social.

Está de moda el “combate a la corrupción” como un reactivo con penalización tardía a los actos viciados de triquiñuelas. La verdad en que se sabe, se comenta, pero no se hace acción alguna para desterrar este mal, por más simple que sea. De esta manera, la transparencia pierde el brillo de verdad. (O)

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