La Refinería de Esmeraldas / Editorial

Editorial, Opinión

El pasado jueves 15 de mayo, Petroecuador reactivó la unidad FCC de la Refinería de Esmeraldas, considerada el corazón del principal complejo refinador del país. Esta unidad había permanecido paralizada durante 75 días tras el incendio registrado el 1 de marzo. Su reactivación permitirá incrementar la producción nacional de gas doméstico y gasolinas, reducir importaciones y generar un ahorro estimado de un millón y medio de dólares mensuales para el Estado.

La noticia es positiva, pero hay que tomarla con cautela. La refinería todavía tiene trece de sus diecisiete unidades fuera de operación, y expertos advierten que en el mejor escenario podría operar al cincuenta y cinco por ciento de su capacidad en junio. Los ambateños recordamos las largas filas en las gasolineras de las últimas semanas, cuando la terminal de El Beaterio en Quito tuvo que abastecer a tanqueros de Riobamba y Ambato ante la falta de combustible en las terminales de nuestra provincia.

Esperamos que la recuperación de la Refinería de Esmeraldas avance con paso firme hasta alcanzar su plena capacidad. Este episodio nos recuerda la fragilidad de una infraestructura que data de los años setenta y la urgencia de modernizarla. El Ecuador no puede seguir dependiendo de importaciones para cubrir su consumo interno de combustibles, y la soberanía energética en este ámbito es una tarea que no puede postergarse más.

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