Saberes ancestrales nutren la tierra andina

Interculturalidad

En el corazón de la región andina del Ecuador, los conocimientos ancestrales sobre la agricultura y la alimentación palpitan con la misma fuerza que sus imponentes montañas. En comunidades de la provincia de Tungurahua, los pueblos indígenas mantienen una relación sagrada con el suelo, fundamentada en un calendario agrícola que respeta los ciclos de la Pacha Mama, el sol y la luna. Estas prácticas milenarias no solo garantizan el sustento diario, sino que representan un legado espiritual y cultural que se transmite de generación en generación.

La cosmovisión de los pueblos indígenas se celebra a través de cuatro rituales anuales que marcan las etapas críticas del cultivo. El Pawkar Raymi celebra el florecimiento, mientras que el Inti Raymi rinde un profundo agradecimiento al sol. Por su parte, el Kolla Raymi se enfoca en la fertilidad y la siembra, cerrando el ciclo con el Kapak Raymi, dedicado a la renovación y la cosecha. Estas fechas, sincronizadas con solsticios y equinoccios, reflejan una armonía total entre la naturaleza y el ser humano.

Edgar Masaquiza, sabedor kichwa y guardián de estas tradiciones, explica que cada fase lunar y cambio estacional tiene un propósito específico que se refleja en sus siembras. El cultivo de productos como el maíz, la cebada, la mashua, el melloco, el zambo y el zapallo se realiza mediante técnicas que cuidan el equilibrio del ecosistema. Al evitar el uso de químicos industriales, las comunidades priorizan métodos naturales que protegen la fertilidad del suelo y la salud de quienes consumen estos alimentos.

Además de los cultivos tradicionales, muchas familias han diversificado su producción incorporando frutas y hortalizas, lo que ha fortalecido significativamente la seguridad alimentaria local. Esta conexión espiritual se expresa en cada semilla seleccionada y en cada ofrenda enterrada en el surco. Es un sistema de vida que desafía el ritmo acelerado de la modernidad y pone en el centro el respeto por lo vivo. Hoy, ante los desafíos climáticos, estos saberes se perfilan como una alternativa resiliente que enseña que cultivar es también cultivar identidad y comunidad. (I)

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