El peso del racismo en los pupitres de Ambato

La educación en el sistema nacional, más que un cúmulo de conocimientos, debería ser el refugio de la dignidad humana. Sin embargo, en pleno 2026, las aulas de Ambato siguen siendo testigos de una violencia psicológica sistemática contra niños y adolescentes afroambateños. No son solo palabras; son puñales cargados de un racismo arcaico: «negro bruto», «no sirves para nada», «anda a vender cocadas», “sirves solo para patear pelota”. Estos epítetos, sumados a la exclusión deliberada en trabajos grupales y juegos, ocurren a menudo bajo la mirada indolente, y por ende cómplice, de ciertos docentes.
El año pasado, gracias a nuestra incidencia desde la sociedad civil, logramos una sanción ejemplar para una docente e institución que permitieron este ultraje. En otros casos, hemos optado por la conciliación. Pero la justicia administrativa no es suficiente si el sistema no despierta ante la gravedad del daño: la violencia psicológica con matices raciales no solo destruye la autoestima, es una alerta roja de suicidio y abandono escolar.
Frente a esta crisis, es imperativo activar de urgencia los protocolos en la Unidad Educativa Guayaquil y muchas más, pero con una visión transformadora basada en el Modelo Etnoeducativo Afroecuatoriano (METAFE). Este modelo no es una sugerencia, es un derecho constitucional que busca revertir los imaginarios del poder dominante que niegan nuestra diversidad.
¿Cuál es la estrategia? Del castigo a la conciencia: para eliminar estos grados de violencia, la estrategia debe ser integral y basada en la Educación Intercultural, aplicando el METAFE. El aula debe dejar de ser un espacio de negación para convertirse en un «Rincón del Reconocimiento». Como señala el METAFE, la representatividad es clave. Si un niño afroecuatoriano no ve su historia, sus ancestros y sus saberes reflejados positivamente en el currículo, el sistema le está diciendo que no pertenece.
Afroepistemología y Sensibilidad: Debemos pasar de la sanción al «corazonar». Los docentes necesitan formación en etnoeducación para entender que “la cultura afrodescendiente no es un disfraz, sino un conocimiento propio”
Protocolos de Alerta Temprana: Las Direcciones Distritales deben vincular la discriminación con la salud mental. Un insulto racista es el inicio de una posible desconexión con la vida.
Instamos a las autoridades a no ser meros espectadores de la tragedia. La etnoeducación es la respuesta política y social para que ningún niño vuelva a bajar la cabeza por el color de su piel. Es hora de que nuestras escuelas sean verdaderas «Guardianas de los Saberes» y no cunas de segregación.
Estimada Ministra: el abandono escolar y el riesgo de suicidio en nuestra niñez afrodescendiente no esperan. La aplicación de la etnoeducación afrocentrada, es el único camino para que el sistema nacional deje de ser un espacio de exclusión y se convierta en el motor de una sociedad que, finalmente, aprenda a mirarse con respeto desde sus raíces.
