La dimensión religiosa de la guerra

Ni el Papa ha quedado fuera del conflicto en Medio Oriente. Por sus llamados a La Paz ha sido objeto de una arremetida fuerte por parte del presidente de Estados Unidos que le colmado de agravios, llamándole indolente frente a la amenaza atómica iraní e, inclusive, un desviado del auténtico catolicismo.
El Papa ha respondido con otro tono y en otros términos, reafirmando su llamado a la paz y su condena a la violencia. No se ha quedado callado. Quiénes le conocen dicen que es diferente al Papa Francisco. Analiza con más detenimiento los acontecimientos y actúa sin apartarse del camino que le conduzca al resultado final.
Por lo pronto, ha cerrado filas en defensa del Papa, la primera ministra italiana, Meloni, muy cercana a Trump, que no ha tenido otra opción, en Italia, en cuyo epicentro se encuentra el Vaticano, de sumarse a la línea de defensa del Pontífice. También ha cerrado filas la representante del parlamento europeo, habiendo llegado a invitarle al Papa para que se dirija a los eurodiputados. En Europa, el Papa no está solo.
Antes de que estalle la guerra, el Papa le corrigió una equivocada disquisición teológica al vicepresidente de Estados Unidos. Lo hizo sin inmutarse. Vance se vio obligado a visitar al Papa después en el Vaticano, como un gesto de reconciliación.
El ataque al Sumo Pontífice fue precipitado e innecesario. La gran base electoral de católicos, que apoyan a Trump, se ha resquebrajado. Muchos no encuentran explicación para semejante enfrentamiento con quien ahora es la cabeza de la Iglesia Católica en el mundo. Los ayatolas deben estar felices del error en el que ha incurrido el presidente de Estados Unidos con el pastor de la Iglesia. (O)
