Resurrección entre guerras

La Semana Santa está desarrollándose este año entre guerras y conflictos de alto impacto en los territorios donde Jesús padeció y sus discípulos predicaron su palabra. La resurrección, piedra angular de la fe católica, no la comparten otras religiones, surgidas en esa zona, que registran sólo la muerte de Cristo y, por lo tanto, desconocen su divinidad. Sin resurrección, como dice el papa Benedicto XVI, Jesús es una personalidad religiosa fallida, que si bien puede ser grande, se queda en una dimensión puramente humana, y su autoridad únicamente es válida en la medida en que su mensaje logre convencernos.
No hay duda de su existencia. Historiadores del siglo primero de la era cristiana certifican su existencia e, inclusive, de su padecimiento, más allá de lo que dice los evangelios. La Semana Santa es de suma importancia para fortalecer la creencia sobre la resurrección y la dimensión que este hecho le abre a la persona de fe.
En la ciencia no es fácil encontrar el camino para afianzar esa creencia e, inclusive, justificar la existencia de Dios. Einstein decía que Dios no jugaba a los dados, por cuanto existían leyes inmutables de la física que explicaban el funcionamiento del Universo. Detrás de esas leyes solamente podía estar Dios, ofreciendo la certeza que no se encuentra en un juego de dados. Otro físico, de la misma talla intelectual de Einstein y ganador del premio Nobel, el famoso Bohr creía, en cambio, en el azar. Dedujo de sus análisis de los átomos que no había leyes inmutables que rigieran su funcionamiento. Eran el azar y la incertidumbre los fundamentos de la dinámica de los átomos. En consecuencia, no había un Dios que proporcionara una explicación.
El cumplimiento de los ritos y la práctica de las costumbres religiosas de cada pueblo, es, en último término, lo que le aproxima a la persona de fe a la cosmovisión católica de la pasión y la resurrección. En los lugares donde existen más creyentes son comunes las procesiones, las vigilias, el recogimiento y la alegría del Domingo de Gloria. Películas como la Pasión de Cristo, que el propio Mel Gibson reconoció que le transformó espiritualmente, son también caminos para esa aproximación. La práctica de la fe y no necesariamente las disquisiciones intelectuales es la que le coloca al creyente junto a la piedra angular del catolicismo.
Esperemos que la resurrección de Cristo alumbre la paz en la oscuridad de los bombardeos. (O)
