La última cena

Columnistas, Opinión

El episodio de la última cena de Jesucristo con sus apóstoles, compone uno de los relatos bíblicos más famosos y universales, además de dar inicio a la conocida Pasión de Cristo. Los Evangelios coinciden en que, tras la entrada triunfal de Jesús de Nazaret a Jerusalén, donde la multitud celebró su llegada con ramos de palma, y tras una serie de encuentros, tanto él como sus doce apóstoles se reunieron para celebrar la festividad de la Pascua. Según el Evangelio de Juan (13:1-20), mientras cenaban, Jesús se levantó, se ciñó una toalla y lavó los pies a sus discípulos, sentándose de nuevo después para explicar el acto de servicio. 

Las posibilidades del menú se amplían. El primer candidato es el pan sin levadura, o matzá, que simbolizaba la partida apresurada de los israelitas de Egipto, sin tiempo para que la masa subiera. También el cordero asado aparece enseguida como posibilidad, ya que la Pascua judía del período del Segundo Templo estaba ligada al sacrificio del cordero en Jerusalén, y su consumo asado en el hogar. A eso se sumarían el vino, las hierbas amargas, otra pieza clásica de la memoria pascual. Esta es una hipótesis históricamente razonable respaldada por los arqueólogos y etnógrafos, puesto que los hallazgos realizados en yacimientos como Qumrán, Masada y el Barrio Herodiano de Jerusalén apuntan a la presencia de trigo, lentejas, aceite de oliva, frutas secas y hierbas en las dietas judías de la época. La frase «tomó el pan, tomó el vino» hace referencia a la institución de la Eucaristía por Jesús durante la Última Cena, narrada en Mateo 26:26-28. Jesús bendijo, y repartió el pan como su cuerpo, y pasó la copa de vino como su sangre, sellando el nuevo pacto para el perdón.

Casi al terminar la cena, Jesús se dirigió a los doce apóstoles conversaban y les dijo uno de ustedes me traicionará y uno por uno dijeron ¿seré yo Señor?. Y respondió Jesús uno de los que acaba de comer de este plato conmigo me traicionará, y fue Judas Iscariote quien traicionó a Jesús por treinta monedas de plata, pagados por los sacerdotes aliados a Pilatos, igual Pedro declaró, aunque todos te abandonen Señor yo nunca te abandonaré, Jesús respondió, esta misma noche antes de que cante el gallo tres veces me negarás que me conoces. Aquí valga una reflexión  no ha cambiado nada, los Padres traicionan a sus hijos o viceversa, juicios van juicios vienen. Luego el hijo del señor se dirigió al monte de los Olivos donde oró y pocos minutos después, Jesús fue capturado, mediante la traición por las espaldas Judas Iscariote, lo identificó con un beso ante soldados y guardias del Sanedrín.

Siendo llevado ante Caifás, sumo sacerdote de Pilato, antes de su juicio romano. Jesús fue entregado a Poncio Pilato, el gobernador romano interrogó a Jesús, no encontró causa de muerte y trató de liberarlo. Pero los líderes judíos en el juicio como cobardes exigían la crucifixión, Pilato cedió, se lavó las manos  y ordenó su ejecución. El Nuevo Testamento, Jesús resucitó de entre los muertos al tercer día de su crucifixión (viernes a domingo), lo cual se considera la verdad central de la fe. Este evento, predicho por Jesús y confirmado por las Escrituras, representa la victoria sobre la muerte y el cumplimiento de la profecía. (O)

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