La procrastinación I

Columnistas, Opinión

Acude una paciente sufriendo por años una migraña. Dice que “nadie le cura”. En la interconsulta con la Psicóloga Clínica revela que su problema es la procrastinación (acto de posponer, aplazar o retrasar deliberadamente tareas o responsabilidades importantes, sustituyéndolas por otras actividades más irrelevantes pero placenteras).

Hace poco tiempo la neurociencia descubre aspectos que antes se creía estaba alrededor de la pereza. No es más que un “secuestro” por una parte de nuestro cerebro que tiene más de 200 millones de años de antigüedad y que literalmente no comprende el concepto de mañana, creando una confusión mental que hasta ahora hemos estado peleando esta “batalla cerebral” con las armas equivocadas. Hemos estado usando fugaz motivación y efímera fuerza de voluntad contra un enemigo que no entiende esas concepciones. Es como intentar negociar con un tigre. No funciona así. El tigre solo entiende instinto, solo entiende supervivencia inmediata. Por ejemplo, tenemos unproyecto importante que debe estar terminado para el lunes. Sabemos que, si empezamos ahora, terminaremos sin estrés, con tiempo de sobra, incluso con tiempo para afinar detalles. Pero en lugar de eso, nuestro cerebro nossusurra “tienes tiempo”, “revisa tus notificaciones” “mira un video de gatitos” “mira qué hay de nuevo en redes socialesVarias horas después estamos en el mismo sitio, cero progresos, máxima culpa, y lo peor de todo, nosprometemos a nosotros mismos que mañana será diferente, pero mañana es exactamente igual. ¿Por qué? La respuesta está en la estructura misma de nuestro cerebro. Nuestro cerebro no es una unidad coherente tomando decisiones racionales, es un campo de batalla donde dos sistemas completamente opuestos luchan por el control cada milisegundo de nuestras vidas. Es como un ring de boxeo, en la una esquina, con 140 gramos, tenemos al sistema límbico, nuestro cerebro primitivo, el mismo circuito neuronal que tenían nuestros ancestros hace 200 mil años. Este sistema solo entiende de placer inmediato, dolor inmediato, no tiene concepto del futuro, no le importa nuestras metas. Es como darle el control remoto de nuestras vidas a un niño de cuatro años. Quiere gratificacióninmediata, seguridad, comodidad y posee un arma devastadora, la amígdala cerebral, el centro del miedo de nuestro cerebro. Cada vez que intentamos hacer algo difícil, algo que requiere esfuerzo, sacrificio y recompensa a futuroesta amígdala dispara señales de alarma, de peligro, de incomodidad, de potencial fracaso. Y más trágico, estas señales se sienten exactamente igual que las señales de peligro real, ya que nuestro cerebro no distingue entre la incomodidad de empezar a estudiar, trabajar o hacer ejercicio y la incomodidad de enfrentarte a un depredador.En la otra esquina está la corteza prefrontal, nuestro cerebro racional, nuestra parte más evolucionadaes la región que nos hace humanos, donde planificamos, visualizamos el futuro si hacemos sacrificios hoy por recompensas mañana. Pero es débil comparada con nuestro sistema límbico tanto que cuando la amígdala dispara sus señales de pánico, consume una cantidad masiva de energía cerebral “robándole” recursos energéticos anuestra corteza prefrontal y así perdemos nuestra capacidad de razonar, de planificar, de mantenernos firme en nuestras decisiones… (O)

Deja una respuesta