Normalizar el delito

Un delito normalizado socialmente es una conducta ilícita aceptada o tolerada por la comunidad debido a su alta frecuencia, impunidad o percepción como «parte de la vida cotidiana», convirtiéndose en un fenómeno sociocultural. Ejemplos comunes como la piratería digital, el soborno pequeño, el consumo de drogas y el comercio informal no regulado.
La recurrencia de conductas ilícitas también se escucha y se observan, en políticos, funcionarios, empleados, autoridades, entre otros; y se introducen en la sociedad como formas de vida. Este desarreglo social, a menudo debido a la impunidad, el miedo o la indiferencia no son tomados en cuenta para una acción contundente de las autoridades, sin embargo, de que cuentan con planes de contingencia para enfrentar la inseguridad. Combatirla requiere un enfoque multifacético, incluyendo educación, prevención y fortalecimiento de la intervención de las autoridades, y la firme aplicación de penas.
La indiferencia con que las autoridades asumen la presencia de actos delincuenciales, es muestra clara para que la impunidad campee y la sociedad normalice: “mientras no me afecte”, la vida sigue y la figura del delincuente con cadenas y anillos de oro, autos último modelo, “fajado” en billete y con armas, se convierte en referente para niños y jóvenes; y lo grave, es que se vuelve la forma de vida que se quiere imitar y comienzan de a poquito; y son presa fácil del don dinero que corrompe y mata.
La corrupción está por todos lados; en la compra de medicinas; en pruebas truchas de universidades, concursos y contrataciones públicas y privadas; en papeleo de instituciones públicas, en turnos, en llamados, inscripciones y hasta en las entradas al fútbol. Todas las formas y maneras del delito se convierten en un problema estructural que requiere atención inmediata para evitar la ruptura del tejido social. Normalizar el delito, es la parcialización de la justicia cuando el infractor es de alta alcurnia, político reconocido, funcionario de alto rango, autoridad por elección popular. Portar un grillete se ha vuelto una condecoración y tener líos con la justicia es persecución política.
La normalización del delito, se perciben como inevitables, cuando las autoridades buscan justificaciones vagas, absurdas y no visualizan la violencia, la delincuencia, prostitución, tráfico y consumo de drogas, secuestros, chulco, extorsión y sicariato como los hechos ciertos en donde se deben concentrar las actividades para el resguardo ciudadano.
Muchas situaciones comienzan con la evidente instigación al delito, con autores y coautores ocultos que, utilizan a los mandos medios como ejecutores. Se blindan de lo lindo a través de la ejecución material de los intervinientes, que al final resultan en cómplices y encubridores que cargan con menos pena, porque el dominio sobre la voluntad del subordinado es fuerte y peligrosa, si no se consigue el resultado esperado. Bien lo definió Claus Roxin con su teoría “La autoría mediata a través de aparatos organizados de poder”, este abogado desbarató la presunta inocencia de Adolf Eichman, en el holocausto judío, al decir que era un simple ejecutor de órdenes, pero era consciente del mal como participante activo. (O)
