Aferrarse al cargo

Es muy clásico entre los políticos ecuatorianos, aferrarse al cargo; medio ganan una elección y ya se creen ungidos para dirigir eternamente al pueblo. Cuando llega el tiempo y después de haber bebido las mieles del poder; con o sin obras visibles y envanecidos por su ego, creen que son merecedores de una reelección. Se aferran a él con tenacidad y, a menudo, de manera inapropiada o egoísta, sin considerar el bien común de la generación que espera su oportunidad; incluso cuando hay cuestionamientos sociales; implicando un apego excesivo que impide la renovación.
Se ha observado que hay una insistencia firme y a veces obsesiva por mantenerse en el puesto. A leguas se nota que priorizan el interés personal y el poder social sobre los intereses de los electores. “…aferrarse a los puestos, a los cargos no le hace bien al país, a un Estado que clama por institucionalidad… ”, Son palabras de la ex Fiscal General del Estado. Dra. Diana Salazar cuando presentó su renuncia a la prórroga justificada de su cargo, considerando que estas prácticas pueden ser perjudiciales para la justicia y la democracia, puesto que impiden el recambio necesario y perpetúa a estructuras viciadas de poder.
Es cierto que los políticos viven una dependencia emocional con su cargo, es un apego tal que impide soltar, aunque sea perjudicial para ellos mismo o para los demás. Llegan al extremo de creer que sin ellos la institución va a fracasar y se resisten a considerar las posibilidades de los demás; casi, casi es de su propiedad. Luego se vuelven los críticos, los infalibles; los que aconsejan sobre lo que ellos no hicieron. Se vuelven expertos en ver errores y en advertir lo que iba a pasar si no los elegían.
La sola idea de no querer soltar el poder y anunciar la reelección; es visto como un comportamiento criticado por generar daños a la institucionalidad, evidenciando en ocasiones la falta de ética o la intención de evitar la rendición de cuentas. Sin embargo, la audacia y el cinismo pueden más que la dignidad y la ética, que generalmente no deberían observarse en la práctica política. Para qué mantenerse en el cargo cuando hay ausencia de respaldo popular, incluso de su mismo sector. Tanto se denostó a los partidos hasta que llegó cierto movimiento al poder para hacer las peores cosas, controlar todo, permitir tanta corrupción y enceguecer a una buena parte de la ciudadanía.
Las autoridades de elección popular le fallan al país cuando no actúan apegados a su plan de trabajo, cumpliendo el precepto del art. 95 de la Constitución del Ecuador, esto es: …proceso permanente de construcción del poder ciudadano…; esto es crear confianza en los electores. Y lo peor es que no aceptan cuestionamientos, responden con audacia ante toda acción legal y administrativa que puedan emprender los ciudadanos de a pie. Es necesario que quienes tuvieron la oportunidad de servir a la sociedad y sienten que el favor ciudadano no les ayuda, dejen libre el camino a gente nueva.
