LA LLAVE EN EL BOLSILLO

En la última edición de la revista Diners, el gran humorista gráfico Bonil nos
presenta otro de sus ingeniosos cómics con los que suele invitarnos a
reír, sonreír y replantearnos, con humor, incómodos escenarios de la vida y la política. Se
lo relato.
Un hombre ve acercarse una figura amorfa, monstruosa y turbia hacia
él; sin dudar, frena en seco el avance colocando su mano a la altura de lo que parece ser
el rostro, y dice: “¡Alto! ¿quién eres?” Aquella responde: “Soy una idea”. En seguida, el
hombre agitando su mano con desprecio le contesta: “Fuera de aquí… No me
gustas” llegando incluso a lanzarle una piedra. La idea da media vuelta destrozada por el
desaire y echa a correr alejándose atemorizada, no sin antes inquirirle: “¿Por qué me
agredes? ¿Solo porque no te gusto?”
Acto seguido, una mujer se le acerca al tipo y señalándolo con su índice le espeta
sin ambages: “¡Oye! Es solo una idea… Tiene derecho a existir”. Hace una pausa y
continua: “No tienes que aceptarla de entrada, puedes conocerla de a poco.” La gráfica
siguiente muestra al hombre con la mano en el mentón, la mirada inclinada hacia arriba y
la palabra “HUM” sobre su pensativa cabeza. En la penúltima imagen destaca solo él con
la misma actitud pensativa preguntándose a sí mismo: «¿Y si esa idea me hace cambiar
de idea?” En el último dibujo de la historieta se ve al hombre gritándole a la mujer: “¡Qué
mala idea! ¡Fuera!” mientras ella corre despavorida para no ser alcanzada por otra piedra.
Aunque es “solo un dibujo” retrata de cuerpo entero una de las más frecuentes y dañinas
actitudes del ser humano, cual es, negarse a ver más allá de sus narices y a pesar de eso
(o, precisamente por eso), defender con furia rabiosa sus particulares -ideas- creencias.
Es lamentable, pero así crecimos, sin embargo, no es así como deberíamos seguir
viviendo. Mantener esa conducta no solo implica perder innumerables y
valiosísimas oportunidades de ampliar horizontes y de conocer nuevas
perspectivas, significa, en muchos casos, preferir el conflicto conocido antes que la paz
desconocida, pero, sobre todo, representa vivir encarcelado a pesar de tener la llave de la
celda en el bolsillo.
El solo plantearse: «¿Y si esa idea me hace cambiar de idea?”
es como encontrar repentinamente la llave en el bolsillo. Escuchar con disposición nuevos
puntos de vista representa introducirla en el cerrojo. Irlos conociendo de a poco, es darle
la vuelta.
Está en sus manos soltar la piedra o lanzarla.
