De Adamuz al siglo XIX

Columnistas, Opinión

Con 45 muertos terminó el terrible accidente ferroviario en la localidad de Adamuz, en la provincia española de Córdoba. Dos trenes de alta velocidad colisionaron después que uno de ellos se descarrilara por el deplorable estado de la vía. A los gobernantes socialistas les han responsabilizado por la falta de mantenimiento. Inclusive, les han recordado que desde el Ministerio de Transporte, responsable de la red ferroviaria, se desencadenó la más sonada corrupción del gobierno, con un ministro y su asesor en prisión. La esposa de uno ellos habría sido, según unas primeras investigaciones, la gestora de un contrato para la reposición de durmientes y soportes de las rieles. 

Con la finalidad de evitar que se repita un descarrilamiento parecido, la autoridad ha dispuesto que los trenes de alta velocidad circulen más lentamente y que los maquinistas, con su experiencia en los trayectos y sus ojos, reduzcan la velocidad al mínimo cuando vean baches o problemas en los rieles, tal como se hacía en el siglo XIX. Dado que las deficiencias en la red ferroviaria se extienden por todo el país -y no sólo se circunscriben a Adamuz-, la operación de los trenes, especialmente de alta velocidad, dejará de realizarse con las prácticas de los siglos XX y XXI. 

Los pasajeros no estarán en riesgo sólo por los posibles descarrilamientos sino por el cruce de cualquier bache. Cuando estén de pie, mientras el tren en el que viajan siga desplazándose, se encuentran expuestos a sufrir lesiones si, al cruzar un bache, el vagón se mueve, dado que podrían golpearse y desequilibrarse.

En Ecuador el mantenimiento de la red ferroviaria es un asunto ajeno a las tareas gubernamentales, desde que las pocas líneas férreas fueron clausuradas en gobiernos anteriores. Que la ruta turística de la Nariz del Diablo todavía siga operativa, debería obligar a las autoridades competentes a mantener en buen estado la operación del tren. (O)

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