Ambato la década perdida

Las cifras del 2025 sobre recaudación tributaria delatan la triste realidad económica de Ambato, seguimos en caída libre, nuestro aporte a la economía nacional sigue disminuyendo hasta situarnos en el octavo lugar como cantón si medimos desde la óptica de la producción (PIB). Hace 12 años el aporte de Ambato al PIB de Ecuador era de 2,4%, con ello ocupábamos el cuarto puesto como ciudad en el país, ahora según datos del SRI hemos caído al octavo puesto con una producción y facturación del 1,44% del total nacional, en 12 años aportamos un punto porcentual menos al PIB nacional, lo que nos ubica después de Quito, Guayaquil, Cuenca, Duran, El Panghi, Yantzaza y Rumiñahui en octavo lugar. Duran que hoy ocupa el cuarto lugar aporta el 2,03% de ventas incluso más abajo que Ambato hace 12 años (2,4%).
En que momento perdimos el ritmo de ser una ciudad prospera y ejemplo a nivel nacional, de tener el mayor número de emprendedores per capital del país, una estructura económica fuerte sobre producción y comercialización, altos niveles de captaciones y colocaciones, comercio, turismo, pequeña industria, artesanía, formalidad. Desde 2014 comenzó la caída al vacío, porque las autoridades locales (alcaldes) de turno solo se preocuparon por visualizar el cemento (populismo – paisajismo), sin articular para nada la obra pública con el desarrollo económico, social, el bienestar ni con política publica cantonal. Se construía alguna obra que en su momento se decía emblemática, sin planificación ni visión de futuro hoy son islas sueltas, solas y subutilizadas, no cubren ni los gastos de operación, se están deteriorando, nacieron con un pésimo modelo de gestión y la ciudad no crece hacia esos sectores, estamos ya pagando y con intereses esas obras que no suman al bienestar o desarrollo de los ciudadanos. Los planes estratégicos y operativos se copian de otras urbes y no encajan con nuestra realidad porque no sabían que beneficio económico, social otorgarían a los habitantes, cuando las obras deben verse como un todo en un circuito de conectividad y servicio que lleve de la mano a la ciudad, su comercio, industria, artesanía, gastronomía y turismo hacia esos sectores
Los burgomaestres solo se percataron de cuanto han ejecutado del presupuesto en obra pública pero jamás miden su gestión por el número de nuevos empleos que desde el sector privado fueron creados, tampoco analizan si la pobreza y extrema pobreza e informalidad de la ciudad se redujo, que paso con la equidad (coeficiente de GINI) de los recursos y servicios, nada mencionan sobre esos indicadores de bienestar social. El conclave entre lo público y lo privado parece haberse desconectado la última década, que dice o aporta la academia, los gremios empresariales, las cámaras de la producción, los colegios de profesionales, el periodismo, los partidos políticos, los gobiernos. Ojalá que las nuevas autoridades lleguen con una visión moderna, fresca, futurista y práctica, que levanten el ego y espíritu del altivo ambateño y saquemos todos a nuestra ciudad de este bache. (O)
