Reina de Ambato

¿Por qué se asume que una figura pública debe tolerar mal trato e insultos?
Ahora que damos inicio a las fiestas de Ambato, tenemos el gusto de conocer a las candidatas a reina: jóvenes que han tomado la valiente decisión de exponerse públicamente para representar a esta ilustre Ciudad y colaborar con las festividades. Esta exposición, sin embargo, no solo implica visibilidad, sino también una carga emocional que muchas veces es ignorada.
Año tras año, cada vez que una mujer se convierte en figura pública, parece que algunas personas creen tener el derecho de observarla desde la comodidad de un celular y emitir juicios, lanzar comentarios hirientes e incluso insultos. Desde la psicología, este fenómeno puede explicarse por la desinhibición en redes sociales, un proceso en el que el anonimato y la distancia reducen la empatía y facilitan conductas que difícilmente se sostendrían cara a cara.
Con frecuencia se olvida que detrás de una pantalla hay un ser humano, con emociones, historia personal y vulnerabilidades. Las palabras no son neutrales: tienen poder y pueden generar un impacto profundo en la autoestima, la seguridad personal y el bienestar emocional. Un comentario desatinado, hecho sin pensar, puede convertirse en una experiencia dolorosa que se acumula y deja huella.
Asumir que una figura pública debe “aguantar” la agresión verbal no solo normaliza la violencia psicológica, sino que también desplaza la responsabilidad del daño hacia quien lo recibe y no hacia quien lo emite. La exposición pública no anula el derecho al respeto ni justifica el maltrato. Por el contrario, invita a una reflexión colectiva sobre la empatía, los límites y el uso responsable de la palabra.
Como sociedad, es necesario recordar que opinar no es lo mismo que agredir, y que el respeto no debería perderse en ningún contexto. Humanizar a quienes están en el ojo público es también un acto de madurez emocional y de responsabilidad social. (O)
