Cuando la esencia florece con memoria: afiche FFF 2026

Columnistas, Opinión

La presentación del Afiche Oficial de las Fiestas de la Fruta y de las Flores 2026, en el marco de las Bodas de Diamante de la celebración más emblemática de Ambato por parte del artista Israel Pardo Báez, no es solo un acontecimiento artístico ni un anuncio festivo. Es, sobre todo, un acto simbólico de reconocimiento histórico. Por primera vez, el afiche oficial incorpora de manera explícita al pueblo afroambateño, una comunidad que ha sido parte esencial —aunque frecuentemente invisibilizada— de la construcción social, económica y cultural de la ciudad.

Las fiestas no solo celebran flores, frutos y tradiciones; también reflejan aquello que una sociedad decide recordar, valorar y proyectar. En ese sentido, la inclusión del pueblo afrodescendiente en el afiche representa un avance hacia una identidad ambateña más completa, honesta y diversa. Ambato no se explica sin su pluralidad, y reconocerla en los símbolos oficiales es un paso necesario para fortalecer la cohesión social.

Este hecho dialoga con procesos previos de participación y representación. En el año 2011, Ambato vivió un momento significativo cuando Andrea Mosquera Méndez se convirtió en la primera afroambateña en presentarse como candidata, abriendo una puerta simbólica para la visibilidad política y ciudadana de su comunidad. Hoy, más de una década después, ese camino encuentra eco en el ámbito cultural y simbólico de la ciudad.

Hablar de inclusión no es un gesto de cortesía, sino un ejercicio de justicia histórica. En Ambato residen aproximadamente 6.000 afrodescendientes, hombres y mujeres cuyas familias han contribuido, desde distintas épocas, al desarrollo productivo, al trabajo doméstico y agrícola, al comercio, a la música, al a educación,  al deporte, a la cocina y a la vida cotidiana de la ciudad. Su aporte ha sido constante, aun cuando no siempre fue reconocido.

El afiche FFF 2026 envía un mensaje claro a las nuevas generaciones: Ambato es una ciudad construida desde la diversidad. Reconocer al pueblo afroambateño es enseñar que la identidad no se empobrece al ampliarse, sino que se fortalece cuando incluye todas sus raíces.

Celebrar 75 años de fiesta es también una oportunidad para mirarnos con honestidad, sanar heridas y silencios históricos, afirmar que la verdadera tradición es aquella que evoluciona sin excluir. Porque cuando la memoria se integra al presente, la fiesta no solo florece: florece con dignidad, unidad y futuro. (O)

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