150 años del teléfono: más comunicación, menos conexión

Columnistas, Opinión

En este mes de marzo de 2026, la historia nos recuerda que han transcurrido 150 años desde que Alexander Graham Bell patentara el teléfono en 1876, creando la posibilidad de marcar un antes y un después en la comunicación a nivel mundial.

En siglo y medio, el dispositivo llamado “teléfono” pasó de ser una enorme caja conectada por cables, destinada únicamente a transmitir la voz, a convertirse en los actuales teléfonos inteligentes o smartphones, con pantallas táctiles, conectividad global y una alta capacidad para realizar múltiples procesos tecnológicos que hoy resultan muy útiles.

Estamos de acuerdo en que la tecnología es altamentenecesaria. Sin embargo, lo increíble de esta llamada “evolución tecnológica” es que, paralelamente, la comunicación interpersonal en gran parte de la sociedad parece haber empeorado de manera acelerada.

Antes, con el teléfono convencional —ese aparato grande que ocupaba un lugar fijo en la casa— era emocionante esperar una llamada de un amigo, de una amiga o de alguien especial. Quienes vivimos esa época recordamos las mariposas en el estómago al levantar el auricular sin saber quién estaba al otro lado. Bastaba el silencio, una respiración nerviosa o un tímido “aló” repetido dos o tres veces para entender que la comunicación también podía ser un proceso lento, lleno de expectativa, emoción y significado.

Hoy, en cambio, gran parte de la llamada Generación Z, que nació rodeada de tecnología, apenas tiene referencia de esos procesos. Para muchos, todo debe ser inmediato. Se ha perdido la paciencia necesaria para vivir las experiencias paso a paso, para sentirlas y comprenderlas como parte del crecimiento humano. Incluso no solo la Generación Z, sino también muchos millennials, muestran preferencia por los mensajes de texto antes que por la conversación directa, razón por la cual algunos sociólogos los han denominado la “generación muda”.

Actualmente, entre los jóvenes en especial, llamar a alguien de forma espontánea puede incluso parecer descortés. Una encuesta británica de Uswitch (abril de 2024) reveló que el 68% de las personas entre 18 y 34 años prefiere que las llamadas telefónicas sean previamente acordadas por mensaje.

También resulta notorio el cambio en el comportamiento social. En muchos hogares ha disminuido el respeto a los espacios familiares y personales debido al uso permanente e impertinente del teléfono móvil. A pesar de que está científicamente comprobado que el uso excesivo de estos dispositivos puede generar ansiedad, estrés, insomnio y dependencia de las redes sociales, su presencia continúa creciendo en la vida cotidiana.

El uso constante de mensajes breves, emojis y respuestas automáticas está incrementando la superficialidad en la comunicación, dificultando la capacidad de mantener conversaciones profundas, emocionales y auténticas con el entorno.

En niños y jóvenes, el uso excesivo de dispositivos móviles también limita el interés por la lectura y reduce la creatividad a mediano y largo plazo, afectando la forma en que se construyen las ideas, la imaginación y el pensamiento crítico.

En conclusión, la invención del teléfono hace 150 años y su posterior evolución hasta el teléfono celular actual ha multiplicado la cantidad y la velocidad de la comunicación en el mundo, pero también ha abierto desafíos importantes en la calidad, la profundidad y el sentido humano de nuestras relaciones.

La tecnología seguirá avanzando, eso es inevitable.
Lo que no debería ser inevitable es que olvidemos cómo hablar, cómo escuchar y cómo sentir.

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