SERIE VALORES HUMANOS: LA GRATITUD Y LA CORTESÍA / Ing. Patricio Chambers M.

Columnistas, Opinión



Siguiendo con nuestro tema de los valores humanos, en esta entrega desarrollaremos algunas ideas alrededor de dos pilares fundamentales para toda convivencia, la gratitud y la cortesía.

Autores como Emmons y McCullough (2001) definen a la gratitud como “un estado afectivo cognitivo resultante de la percepción de haber sido beneficiado por un agente externo, de manera solidaria, desinteresada y gratuita”.

Si buscamos mayor profundidad en el concepto, diríamos que es un estado del alma que nos permite percibir y valorar positivamente todos los detalles de la vida. De hecho y según Cicerón, es la madre de todas las virtudes.

La gratitud es saber reconocer lo que el otro hace por nosotros, por ello tiene que ver con la humildad que nos lleva a valorar lo que recibimos. Este valor humano es una cualidad esencial del amor.

Hay que ser gratos con nuestros maestros, con nuestros padres y con Dios más allá de la forma cómo cada uno lo conciba.

El ser agradecido nos lleva a mantener una mejor salud psicológica y por tanto corporal, estar más satisfechos con la vida que llevamos, ser más optimistas y lograr mejores relaciones personales, así como enfrentar con éxito los vaivenes de este mundo.

En cuanto a la cortesía, podríamos decir que es aquel comportamiento marcado por las buenas costumbres, la solidaridad y el respeto hacia nuestro entorno.

Por ello no sólo debemos ser corteses con nuestros semejantes sino también con cada una de las maravillosas expresiones de los otros reinos de la naturaleza, con los animales, las plantas, los ríos y las cosas que forman parte de nuestra vida. También debemos ser corteses con lo sagrado dando muestra franca de humildad y no buscando negociar beneficios a cambio de determinado comportamiento.

Como lo señala Jorge Ángel Livraga, “la cortesía es a la vez, una forma de generosidad y de amor. Un reconocimiento de la fraternidad universal más allá de todas las diferencias” y por ello recomienda recrear aquella manera de ser y actuar que nos vuelve cada vez más humanos.

Nos enseña también que este valor es una clara expresión de nuestra buena voluntad. Un saludo cariñoso, una sonrisa a tiempo, un minuto “perdido” en atender a otra persona, constituyen muestras de consideración hacia el otro.

Ser cortés es un logro porque a través de actitudes corteses se evidencia lo mejor de cada persona, mostrándose como verdaderas damas o caballeros incluso ante situaciones difíciles. Por ello el adagio popular “lo cortés, no quita lo valiente.”

Este valor humano desarrollado desde nuestra propia voluntad nos permite desarrollar un comportamiento amable y respetuoso. De ahí que la cortesía siempre se relaciona siempre con nuestros valores y virtudes.

Perder el sentido de la cortesía, es perder nuestra fuerza de voluntad y el autocontrol. Dejar que el malhumor nos domine o gritar, al igual que aquellos gestos de ira o amargura, de odio o de rencor son muestras de falta de cortesía.

CC No. 170646122-3

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