Educar para la democracia / Lic. Mario Mora Nieto

Columnistas, Opinión

Si la vida pública es el obligado escenario de una democracia en marcha, jamás olvidemos que lo esencial de ella está en la formación cultural, espiritual y moral que nosotros proporcionemos al futuro ciudadano, para que entonces pueda ser el ejecutor de la soberanía popular en el ejercicio de sus funciones, derechos y deberes jurídicos y cívicos.

En consecuencia, la difícil y compleja tarea de la formación del hombre para la democracia sólo podrá satisfacerse cuando le entreguemos un conocimiento cierto de la vida del Estado y de sus instituciones, como único y positivo medio de trocar su pasiva actitud de espectador con la indispensable y exigida de actor en las cotidianas lides por el progreso, la superación y la felicidad de todos, traducidas en los principios de una necesaria justicia social.

Será condición indispensable para la formación del ciudadano en democracia la práctica cotidiana y perseverante de todas sus actividades patrióticas y cívicas promovidas desde el hogar, la escuela y la sociedad. La integral responsabilidad se inicia con su vida en el hogar aprendiendo a ser un buen hijo para convertirse mañana en un ejemplar padre y en un distinguido ciudadano.

En cuanto a la escuela es indispensable que la formación democrática de los educandos sea uno de sus objetivos prioritarios, recalcando que la democracia forma al individuo para vivir en sociedad, respetando los derechos ajenos y hacer valer los propios cuando sea necesario.
La democracia es la forma de comportamiento social que elimina los privilegios tanto para sí como para los demás. El ciudadano democrático actúa responsablemente teniendo en cuenta tanto a su persona como a la colectividad. Es el que actúa socialmente a favor de la comprensión, el deber y el respeto de sus semejantes.

Es imperativo tener presente que la democracia se educa con el ejemplo. No es privilegio de ningún profesor; pues, todos deben cooperar en este sentido. Por su parte, la sociedad debe constituirse en una clara muestra de las cualidades que deben distinguir a un buen ciudadano, por su conducta, disciplina y responsabilidad en el cumplimiento de sus deberes cívicos. Por ejemplo, el funcionario público debe demostrar en todos sus actos pulcritud, honestidad, integridad en el manejo de los fondos públicos y una permanente defensa de los sagrados intereses nacionales; y, en el cumplimiento de sus funciones, deberes y derechos ciudadanos, positiva contribución con sus pensamientos y sus acciones para que sean un verdadero referente para la formación cívica y democrática de la niñez y la juventud de la Patria.

«La ventaja de la democracia sobre las demás formas de gobierno es que no hay en la democracia una casta interesada en sofocar el pensamiento para que no se lo discuta». (O)
(Ramiro de Maeztu)

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