Vientos de agosto pintan el cielo

El advenimiento del mes de agosto y las vacaciones escolares marcan el inicio del vuelo continuo de cometas, una tradición arraigada en la memoria cultural de los habitantes de la serranía ecuatoriana. En Latacunga y sus alrededores, esta actividad trasciende el simple entretenimiento para convertirse en un rito intergeneracional que une a familias y amigos bajo los fuertes vientos veraniegos de la pensil de los Andes.
La elaboración de estas estructuras voladoras ha respondido históricamente a un saber artesanal transmitido de padres a hijos. Utilizando materiales propios del entorno local —como varas de sigses o carrizo, papel de seda multicolor, hilo resistente y pegamento— los artesanos dan vida a diseños que van desde las tradicionales formas de estrella y estructura en «H», hasta complejos faroles, aviones y ejemplares dotados de sonoras cajarroncas, donde la imaginación popular no encuentra límites.
Con el paso de los años, las dinámicas de consumo y los escenarios de encuentro han experimentado una notable evolución. Mientras que en décadas pasadas la costumbre dictaba ascender a la cumbre del cerro Casigana o congregarse en el histórico Parque La Cantera, hoy en día el Parque de Las Flores se ha consolidado como el epicentro neurálgico donde niños, jóvenes y adultos se reúnen cada tarde de sábado y domingo. Asimismo, las cometas hechas a mano conviven ahora con modelos comerciales de plástico con variadas formas sintéticas.
Pese a las transformaciones urbanas y la introducción de nuevos materiales, la esencia de la jornada se mantiene intacta: el viento de la tarde se incrementa, la tensión del hilo anuncia el despegue y la satisfacción de ver las cometas surcar el firme azul andino se sella con los gritos de alegría de las familias, renovando así un legado cultural vital para las futuras generaciones. (I)
