Treinta, treinta y cinco, cuarenta

En política hay palabras que nadie quiere pronunciar. Los combustibles no suben: se liberan o ajustan. La electricidad no se corta: hay suspensión programada. Los pasajes tampoco suben: se revisan. El vocabulario cambia, pero no el bolsillo. En Ambato acabamos de comprobarlo nuevamente.
La historia reciente ayuda a entender el problema. En 2003, el pasaje urbano quedó establecido en 25 centavos. En 2015 llegó a 30 y ha permanecido en ese valor durante más de una década. No obstante, el pasado 23 de septiembre, el Concejo Municipal aprobó un incremento: 35 centavos cuando la ordenanza entre en vigencia y posteriormente 40, condicionado a la implementación de la caja común y el pago electrónico. Tres decisiones tarifarias en más de veinte años muestran que este asunto no es políticamente cómodo.
Resultaría imposible sostener que durante estos años los costos han permanecido congelados. Combustibles, repuestos, llantas y mantenimiento han encarecido la operación del transporte. Por eso, discutir una actualización de la tarifa era inevitable. Otra cosa es aceptar cualquier valor sin estudios técnicos o sin exigir, a cambio, un servicio de mayor calidad.
El problema es que las administraciones municipales han preferido postergar una discusión que sabían impopular. Revisar los pasajes tiene costo político y siempre habrá alguna coyuntura que aconseje postergar la decisión. Por eso, aquello que debió discutirse oportunamente termina convertido en un problema acumulado que alguien, tarde o temprano, deberá asumir.
Ahora que llegó el momento, el nivel del debate tampoco está a la altura. Preocupa observar que un asunto que afecta a miles de ambateños termine envuelto en descalificaciones y disputas sobre los procedimientos. Hasta apagar micrófonos se ha convertido en parte de una escena política impropia de quienes fueron elegidos precisamente para debatir.
Con honrosas excepciones, el Concejo Municipal mantiene una deuda con Ambato. Algunos de sus integrantes buscarán nuevamente el respaldo en las próximas elecciones. Antes de pedir otro voto, bien harían en preguntarse si estuvieron a la altura del que ya recibieron.
El pasaje podrá costar 30, 35 o 40 centavos. Ese debate continuará. Lo que no puede seguir costándoles a los ambateños es tener autoridades que posterguen decisiones por miedo a perder votos y, mucho menos, que conviertan el Concejo en escenario de lo vulgar. Gobernar no consiste en evitar el costo de decidir. Para eso no hacía falta pedir el voto. (O)
