Tartufo siglo XXI/ Dr. Guillermo Bastidas Tello

Columnistas, Opinión

Muchos problemas le dieron a Molière «Tartufo o el impostor» desde su estreno en 1664 hasta que Luis XIV autorizó su representación tras un trajinar tormentoso de cinco años.

La denuncia pública de la virtud fingida, de la doble moral, causó profundas heridas a personajes influyentes y poderosos que obstaculizaron cuanto pudieron la difusión de una comedia en la que con tanta eficacia se describió el perfil de un hombre hipócrita y falso.

Los tartufos siglo XXI cotidianamente, se instalan en los lugares estratégicos, de negociaciones, de privilegio e influencia, los cuales han sido gestionados por su hipocresía, zalamería, arrumacos y monerías.

El Tartufo, es el prototipo de un hombre común y corriente, con habilidades de hipócrita, mojigato, sin vergüenza, mentiroso, embustero, farsante, pero de agradable figura y discurso demagógico.

El tartufo era y es la truffa en lengua italiana y que resume la conducta detestable de tartuffe repleta de ambición para conseguir riquezas y conquistar a una mujer hermosa.

Junto a cada tartufo existe un Orgón siglo XXI, que es un personaje bobalicón de alta alcurnia que ha caído bajo la influencia de Tartufo, un hipócrita beaturrón, que además es bastante torpe.

De hecho, los únicos que no se han dado cuenta de la verdadera naturaleza de Tartufo son Orgón y la primera dama.

El mediocre, corriente y ladino Tartufo exagerando sus “virtudes” ha llegado a ser el director de toda una masa de ciudadanos que siguen hurgando el estado con manos limpias y corazones calientes.

Como gran tartufo, culpabiliza de la crisis a su tartufo antecesor y a los Orgones verdes de la anterior administración.

El tartufo se vanagloria de destapar la cloaca corrupta, pero su hipocresía y diplomacia le impide poner mano dura a sus Orgones de antaño.

El tartufo habla muy mal del tartufo anterior, pero mantiene en su reino a los mismos lacayos orgones de los años de penumbra.

Una de las hipocresías del tartufo es la simulación de devoción, piedad, misericordia, clemencia y caridad, sin que pueda ocultar su ambición desmedida.

El tartufo queda frustrado, cuando se ve descubierto como un hipócrita, engañoso, falso, farsante, doble, farisaico, comediante, mojigato, puritano, impostor.

Al ser descubierto termina como un ridículo fantoche, títere, bufón, mediocre o conformista en equilibrio dinámico. (O)

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