Sobre los nueve traslados e inhumaciones de los restos de Hernán Cortés

Columnistas, Opinión

Hernán Cortés nación en 1485 en Medellín de la corona de Castilla y murió en 1547 a los 62 años, en Castilleja de la Cuesta. Estudió en la universidad de Salamanca, de modo que no pertenece a la leyenda negra de los conquistadores analfabetos e inhumanos. “Según el antropólogo e historiador francés Christian Duverger: Cortés rompe con el esquema clásico de la violencia y de la fuerza y es un conquistador que amó a los vencidos y más que rey o emperador soñó con ser tlatoani (el que habla, el gobernante)”.

Digamos que a sus 44 años, “En 1529, Cortés recibió títulos que, además de otorgarle la dignidad de marqués, le concedieron la propiedad un gran número de pueblos, con más de 23 mil vasallos indígenas, convirtiéndose en el hombre más rico de América y quizá de todo el mundo hispánico.” (Wikipedia). Digamos que, en cuanto a intereses económicos y políticos, actuó casi en paralelo con Gonzalo Pizarro después de la rendición del Perú. Soñaban con zafarse de la dependencia de la monarquía española distanciada con un océano de por medio: “buscó impedir que la propia Tenochtitlan fuese entregada a la corona en 1526, y trató de retenerla como su feudo privado” (Wikipedia). En 1540 había retornado a España por trámites burocráticos.

“El 2 de diciembre de 1547 murió Hernán Cortés, quien fue enterrado en la iglesia de San Isidoro del Campo en la localidad de Santiponce para descansar en paz… O no, porque los restos del conquistador tuvieron de todo, menos paz. Y es que Cortés fue exhumado en varias ocasiones y enterrado nada menos que nueve veces, en varias iglesias distintas a uno y otro lado del océano.

La historia de los múltiples enterramientos de Hernán Cortés refleja los cambios políticos y sociales en las tierras donde fue sepultado. Parte de la culpa la tenía él mismo, ya que en su testamento cambió varias veces la decisión sobre el lugar en el que deseaba ser enterrado, lo cual generó mucha confusión sobre dónde debía ser este lugar finalmente”. (National Geografhic)

“En su testamento cambió varias veces la ubicación del lugar en donde deseaba reposar. Cuando residía en la Nueva España, primero solicitó ser sepultado en la iglesia contigua al Hospital de Jesús Nazareno, en Ciudad de México, hospital que el conquistador había fundado. Posteriormente declaró sus deseos de ser sepultado en un monasterio que había ordenado construir en Coyoacán, una población aledaña a la capital mexicana, monasterio que nunca fue construido debido a que tuvo que partir a España con el fin de enfrentarse a un juicio de residencia al que fue citado. En octubre de 1547, pocas semanas antes de su muerte, había modificado una vez más su testamento para indicar su voluntad de ser sepultado en la parroquia del lugar donde falleciera”. (O)

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