Servicio… / Andrea Manjarrez Ocaña

Columnistas, Opinión

Trabajar es la oportunidad que nos otorga la vida de ser reciproco con la sociedad, de brindar conocimientos, aptitudes, virtudes a tu entorno que te brindó la etapa educativa, formación práctica, experiencia diaria pues todo es una enseñanza, absolutamente todo, los buenos momentos, los malos ratos, el éxito o fracaso, forma parte del aprendizaje constante. La historia contada por el abuelo, te ofrece la realidad de generaciones pasadas donde los detalles priorizaban, donde el respeto y gratitud era un deber complaciente, no una molesta obligación; el relato del primo adolescente donde se muestra una a una las ilusiones que alberga un corazón soñador y sin heridas; la sonrisa del pequeño que te cruzas en la calle, te muestra la hermosa oportunidad que te entrega la vida de ser feliz y de escribir una nueva página todos los días; la confrontación con el genio de aquel que amaneció con una perspectiva negativa. Las etapas, niñez, adolescencia, juventud, adultez, poseen varios rasgos necesarios para tu formación emocional y cultural, una vez que has cumplido con formar al ser humano llega la hora de demostrarlo mediante el ámbito laboral, pues que mejor manera de proyectar o exteriorizar lo que sabes, que en una institución, el lugar de trabajo es aquella infraestructura donde conoces personas maravillosas que te entregan su amistad y sapiencia, donde también tienes a quienes forman tu carácter y te preparan para las duras batallas que se avecinan, porque en definitiva es una escuela de formación donde pones en  práctica todas tus virtudes, y pones a prueba tus aptitudes, luchando para aminorar los defectos, falencias normales en cada ser, y acrecentando la experiencia elemental para enfrentar el presente y el futuro, dedicado al Servicio…  (O)

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