San Cristóbal de Patate

Columnistas, Opinión

En memoria de Silvio Cepeda N.

San Cristóbal es quien “carga o porta sobre su hombro a Cristo niño”. Esto proviene de una leyenda de la Edad Media que se puede leer en Wikipedia: “Los primeros relatos sobre él aparecen en Grecia en el siglo VI y se habían extendido a Francia en el siglo IX. El obispo y poeta del siglo XI Walter de Speyer dio una versión,  pero las versiones más populares se originaron en la «Leyenda áurea» escrita por Jacobo de Vorágine en el siglo XIII.  De acuerdo con el relato legendario de su vida, Cristóbal fue llamado inicialmente Reprobus.

Era un cananeo de 5 codos de altura (unos 2,30 metros) y un rostro temible. Tras servir en el reino de Canaán, se le ocurrió ir a servir «al mayor rey que existiese». Fue a servir al rey que tenía la reputación de ser el más grandioso pero un día vio que ese rey se santiguaba ante la mención del diablo. Por ello supo que ese rey le tenía miedo al diablo, por lo que partió a buscar al diablo. Se topó con una banda de merodeadores y uno de ellos le declaró que era el diablo, de modo que Cristóbal decidió servirle. Pero cuando él vio que su nuevo amo se apartaba de una cruz en el camino se dio cuenta de que tenía miedo de Cristo, así que le dejó para preguntarle a la gente dónde estaba Cristo. Así conoció a un ermitaño que le instruyó en la fe cristiana. Cristóbal se preguntaba a sí mismo cómo podía entonces servir a Cristo. Cuando el ermitaño le sugirió que ayunara y rezase, Cristóbal replicó diciendo que él no estaba dispuesto a realizar ese servicio. El ermitaño le sugirió entonces que, a causa de su gran tamaño y su fuerza, podría ayudar a Cristo ayudando a la gente a cruzar un peligroso río donde la gente solía perecer en el intento. El ermitaño le prometió que ese servicio le complacería a Cristo.

Cuando Cristóbal ya llevaba un tiempo realizando ese servicio, un niño pequeño le pidió que le ayudara a cruzar el río. Durante la travesía, el río creció y el niño parecía tan pesado como el plomo, hasta tal punto que Cristóbal apenas lo podía llevar y se encontró con una gran dificultad. Cuando finalmente alcanzó el otro lado, le dijo al niño: «Tú me has puesto en el mayor peligro. No creo ni que el mundo entero sea tan pesado en mis hombros como lo has sido tú». Y el pequeño respondió: «Tú no solo has tenido en tus hombros el peso del mundo, sino al hombre que lo creó. Yo soy Cristo, tu rey, a quien has servido en este oficio». El niño luego se desvaneció.”

En todo caso estamos ante el mito de un gigante de trasfondo de la mitología griega que en cuanto a su tamaño tiene alguna relación con el Señor de la Pasión transformado en Señor de los Terremotos. ¿Saben cuánto dicen que mide el Santo patateño? Datos periodísticos informan que no es una escultura de tamaño promedio o “convencional” de un hombre nuestro. Nos dan la cifra que mide 1.80 m., por lo cual estamos hablando de un santo gigante para nuestro medio. 

Esta imagen infunde un respeto enigmático por la expresión de su rostro profundamente humano. Es una figura extraña peinada con cabellos naturales de pelo ondulado. En su cabeza están incrustadas las tres enormes potencias de plata labrada: son la omnipotencia, la omnisapiencia y la omnipresencia. A veces lo visten de camisa blanca bordada y le calzan unas sandalias bordadas con hilos de oro.

Creo que hay más razón en quienes lo llaman “El Señor de los Terremotos”, en plural, por lo vivido y sufrido en una tierra telúrica que si no revienta un volcán, deviene otro cataclismo. He querido asumir un reto de acercamiento  de análisis histórico, sociológico, más que religioso. Aunque es difícil buscar razones para entender la fe de la gente, no se puede quitar razones a su mundo mitológico. (O)

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