Riqueza milenaria revive en mesa serrana

Granos, tubérculos prehispánicos y técnicas coloniales se fusionan en platillos emblemáticos como la fritada y las ocas fritas, símbolos de identidad y tradición.
La cocina de la Sierra ecuatoriana se erige como un archivo vivo de la historia, donde cada ingrediente cuenta un relato de mestizaje, resistencia y saberes ancestrales. En el corazón de esta despensa andina laten frutos de la tierra cultivados por milenios: habas, mellocos, ocas y maíces, alimentos que constituyen la base nutricional y cultural del pueblo ecuatoriano.
Uno de los ejemplos más claros de esta evolución culinaria es la preparación de las ocas fritas en manteca acompañada de chicharrón. Este plato ilustra un profundo encuentro cultural: la oca (Oxalis tuberosa), un tubérculo autóctono de los Andes, se combina con la técnica de fritura en grasa animal introducida durante la colonia. El resultado ofrece un contraste sensorial único entre la dulzura natural del tubérculo caramelizado y el toque crujiente del cerdo.
Este sincretismo alcanza su máxima expresión en la tradicional fritada, un plato festivo y de encuentro social. Aunque la carne de cerdo es la protagonista, su identidad plena se la otorgan sus acompañantes esenciales: el choclo tierno, las papas, el tostado y los granos cocidos. Así, las proteínas europeas se asientan sobre la generosa base de carbohidratos legados por los pueblos originarios.
Desde la sencillez de una fuente de habas con mellocos hasta el festín de un plato de fritada completo, la gastronomía andina rinde tributo a la Pachamama en cada cosecha y mantiene viva la memoria histórica de la región en cada bocado. (I)
