Revés a favor de minería en Azuay / Juan Diego Valdivieso Rowland

Columnistas, Opinión


La minería va porque va en Azuay. Al menos así lo resolvió la Corte Constitucional (CC), en su dictamen del 21 de febrero pasado. Por segunda vez, las preguntas planteadas por el prefecto de Azuay, Yaku Pérez, para realizar una consulta minera en esa provincia, no pasaron el control constitucional. El Pleno del organismo negó y archivó ese pedido. La CC indica que “la consulta popular presentada por Yaku Pérez Guartambel, a nombre propio, no cumple con los parámetros de control formal y material previstos en la Constitución y la Ley Orgánica de Garantías Jurisdiccionales”. Asimismo, sobre la segunda pregunta de la extensión de zonas donde se prohibirían las actividades mineras, la CC manifestó que “el planteamiento en una sola pregunta, tanto de zonas ecológicas diferentes como de todas las escalas de la minería, hace que la misma sea compuesta y atentatoria de la claridad y lealtad exigidas por la ley. Así es que no provee al ciudadano de la libertad necesaria para elegir”. Ante la segunda pregunta relacionada con la anulación de las concesiones mineras en Azuay, la CC señaló que “plantear una consulta respecto de la cancelación automática de concesiones previamente otorgadas, comporta un efecto retroactivo que, al ser indeterminado, afecta el derecho constitucional de la seguridad jurídica”. El prefecto Pérez presentó el pedido el 7 de enero pasado. Esto sucede después de que, en septiembre de 2019, la CC negara su primera solicitud, tras considerar que la pregunta planteada “no garantiza la plena libertad del elector, ni cuenta con un apego constitucional”.

El Ministerio de Energía y Recursos No renovables manifestó que “mantiene su compromiso de promover una “minería responsable, normada y controlada en todo el país”. Sin embargo, la narrativa oficial no es de fiar ya que no existe la tan cacareada “minería responsable”. Los efectos devastadores de la minería, sobre todo en fuentes de agua como Río Blanco y Loma Larga (antes Quimsacocha), no se harán esperar. Serán las actuales y futuras generaciones las que sufrirán por el desastre ambiental anunciado.  (O)

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