Relato oficial y vida diaria / Editorial
En Ecuador se observa con un moderado optimismo la intervención de fuerzas militares estadounidenses en apoyo a las Fuerzas Armadas y a la Policía Nacional. El objetivo es claro: equilibrar una lucha que, desde hace años, resulta profundamente desigual frente al crimen organizado y el narcotráfico.
Sin embargo, ese optimismo es necesariamente prudente. El poder del crimen organizado no se limita a las calles ni a las rutas del narcotráfico; ha logrado penetrar capas sensibles del Estado. La infiltración alcanza al sistema judicial, al poder legislativo, a organismos de control financiero, a sectores de la prensa e incluso a la propia fuerza pública. Pero el signo más alarmante de esta expansión se encuentra en los barrios de las principales ciudades del país.
En este contexto, la cooperación militar busca contener la ola de violencia que golpea al país. Ciudades como Quevedo, Babahoyo y Machala han llegado a figurar entre las más violentas del mundo.
El verdadero reto será lograr que el relato oficial —según el cual el crimen organizado está siendo controlado— coincida con la experiencia cotidiana de los ciudadanos en donde la inseguridad y la violencia forman parte de la rutina diaria de los ecuatorianos. (O)
