¡Qué fastidio!

Columnistas, Opinión

Francamente, a mí en lo personal, me fastidia, desde hace ya muchos años, tener que soportar con bastante frecuencia el mismo guion de show político usado por los políticos corruptos de la RC5: Se les descubre delitos por enésima vez, muchos de evidencia inobjetable y los niegan, culpan a otros (al gobierno de turno por lo general) y se declaran perseguidos.

El caso Caja Chica es el último (por ahora) en el que como alarma programada repiten exactamente las mismas frases y los mismos hechos de manera sistemática, tal como lo han venido haciendo incontables veces. Se los acusa de haber recibido dinero ilícito de Venezuela para financiar la campaña política del 2023 para el binomio Luisa González – Diego Borja, lo cual, dicho sea de paso, no sería ninguna novedad, pero ellos ya salieron a negarlo a pesar del contundente testimonio de uno de sus compinches quien aseguró que él mismo fue a Venezuela a traer ese dinero por orden del entonces presidente Rafael Correa.

Decir una cosa y hacer otra ha sido su consigna por siempre: pregonaron austeridad en campaña al punto de «hacer vaca”, según ellos, para combustible de los vehículos, sin embargo, “los duros” en campaña viajaban en la lujosa primera clase de aerolíneas privadas. En campaña hincaron sus rodillas al suelo y bajaron la cabeza mostrando hipócrita reverencia a Dios, pero en su momento, no tuvieron empacho en ordenar varios allanamientos motivados por el odio, uno de ellos, a la vivienda de Fernando Villavicencio en plena navidad, y para colmo, ahora que la Fiscalía de la Nación viró la tortilla y allanó los domicilios de varios de esos correístas implicados en el caso Caja Chica gritan: “hijos de puta” en plena rueda de prensa con la vulgaridad y grosería que les caracteriza.

Ya ni siquiera es el delito mismo, sino el cinismo de negar una y otra vez lo innegable, de defender una y otra vez lo indefendible y de confundir una y otra vez lo inconfundible. 

Comencé confesando mi fastidio porque ya sabemos de memoria qué dicen y hacen los políticos corruptos cuando son descubiertos, pero mi fastidio se multiplica al saber exactamente qué viene después cuando la justicia los acorrala: compran jueces y difieren audiencias, luego, si no lo logran, huyen a otros países a refugiarse en los brazos de otros políticos criminales, desde allí pregonan persecución y en un tiempo regresan victimizados a postularse a cargos de elección popular -que los ganan-. Al final, muy pocos son los que pagan sus penas, la mayoría sigue libre, riéndose en nuestras caras.

Realmente, una telenovela turca tiene un entramado mucho más interesante e inesperado que la realidad de la política ecuatoriana. Aquí todo ya está escrito, todo está dicho. No hay nada nuevo. ¡Qué fastidio! (O)

mariofernandobarona@gmail.com

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