Pisa a PISA

Columnistas, Opinión

Las recientes evaluaciones del informe PISA (Programa para la Evaluación Internacional de Estudiantes) han vuelto a poner sobre el tapete una realidad que el país arrastra desde hace años: el profundo estancamiento de la educación ecuatoriana. Alguien ya lo dijo: “Ecuador tiene el diagnóstico, pero no al médico”, evidenciando la falta de acciones concretas y un presupuesto garantizado. Detrás de los fríos indicadores cuantitativos sobre lectura, matemáticas y ciencias, se esconde una brecha socioeconómica desgarradora: existe una diferencia de 86 puntos entre el 25 % de estudiantes más ricos y el 25 % más pobre, lo que equivale a más de cuatro años de rezago escolar y compromete gravemente el acceso a la universidad.

En matemáticas, la enseñanza sigue atrapada en la memorización de fórmulas; los vacíos conceptuales llegan incluso a la educación superior y a los propios profesores, por lo que resulta urgente priorizar la capacitación docente en didácticas que enseñen a razonar. En comprensión lectora, la incapacidad de inferir o cuestionar limita la autonomía ciudadana frente a la desinformación.

Frente a este escenario, la reacción oficial no se ha hecho esperar: la ministra de Educación, Gilda Alcívar, anunció un Plan Nacional de Fortalecimiento de Aprendizajes enfocado en un currículo por competencias. Sin embargo, los especialistas insisten en que los discursos se quedan cortos sin detalles de ejecución, inversión en las aulas y el mejoramiento de la calidad de vida de las familias; ¿qué podemos esperar si tenemos alumnos que apenas tienen para una comida diaria?

Recuperar estos vacíos pedagógicos sí es posible, pero con voluntad y recursos. Para ello, es indispensable implementar programas intensivos, clases de refuerzo vacacionales, alianzas con los GAD e involucrar a las familias, además de incorporar tecnología para ofrecer tutorías adaptadas al ritmo de cada alumno.

Es momento de superar la cultura del cumplimiento administrativo y la simulación institucional. Para responder a las exigencias de PISA, el país debe aprender a pisar con firmeza en múltiples frentes. Debemos pisar el suelo firme de la realidad para diagnosticar sin demagogia; pisar el acelerador de la inversión pública para garantizar financiamiento sostenido y dignificar la labor docente; pisar el freno de la burocracia que asfixia a las escuelas; pisar la indiferencia de la enseñanza con pertenecía hacia los pueblos y nacionalidades y, sobre todo, pisar las aulas rurales y marginales donde el hambre frena el aprendizaje. Solo pisando fuerte sobre la inercia estatal y asumiendo un compromiso ético innegociable lograremos dar a nuestros jóvenes una educación eficaz, justa, rigurosa y a la altura de los retos contemporáneos. Dr. Ciencias Pedagógicas, Mgtr. Gestión/Liderazgo y Temas Afrocentrados.  (O)

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