Pausa para reencontrar la paz

La vida moderna corre con una fuerza imparable. Multitareas, pantallas, exigencias. Todo parece conspirar para mantener nuestra mente dispersa y nuestro espíritu fatigado. Pero detenernos no es retroceder; es reencontrarnos con lo esencial, con el ritmo natural que nuestra mente y alma necesitan.
Vishen Lakhiani lo expresa de la mejor manera: “Lo único que realmente puedes controlar en este mundo es tu actitud y la forma en que respondes a lo que te sucede.” Esa pausa, ese respiro breve y consciente, es donde reside el poder transformador. El momento en que elegimos con consciencia cómo responder, nos abrimos a la paz, incluso cuando el ruido es lo único que parece existir.
Detenernos no requiere un retiro espiritual. Basta un momento de silencio, respirar profundo, soltar las tensiones, reconectar con nuestro ser interior. Este acto tan sencillo permite que la mente se ordene, que el cuerpo recobre vitalidad y que el alma se revitalice. Pausar no es perder tiempo, es recuperarlo en forma de energía, equilibrio y serenidad.
Para mejorar nuestra calidad de vida, debemos insistir en que la transformación interior comienza en la conciencia del presente. Una pausa consciente no solo renueva nuestras fuerzas, sino que nos ayuda a decidir con mayor claridad, recobramos la importancia de actuar con coherencia y aprendemos a responder con más amor a quienes nos rodean.
Si queremos ser fuente de inspiración, debemos primero reconocer nuestra propia necesidad de calma y paz mental. Una sociedad más pacífica empieza con individuos capaces de cuidar su interior. Cuando hacemos las paces con nuestra mente, dejamos de reaccionar con rabia, dejamos de repetir patrones y empezamos a relacionarnos desde la compasión.
Hacer una pausa en la cotidianidad de la vida es respirar sin pensar en lo que nos aflige. Observar lo que se mueve dentro de nosotros y despertar la conciencia hacia lo maravilloso que nos proporciona la vida. Porque en ese pequeño instante, la mente se renueva, el alma sana y se cultiva la paz que, tarde o temprano, también se refleja en el mundo que compartimos. (O)
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