¿Para qué amasar fortunas ilícitas? / Editorial

Editorial

La avaricia humana no tiene límites que, en muchos casos, guía la conducta de las personas hasta el cometimiento de actos que caen en el campo del delito sancionado con penas de privación de la libertad y de la devolución de lo malhabido y  en el rechazo social y moral  de la sociedad.

  Lamentablemente, en el mundo esta anomalía ha tenido cabida amplia y  contagiosa que, como es obvio, ha merecido el repudio general que no ha logrado detener este mal.  Tenemos una enorme cantidad de ejemplos, tanto en el campo del narcotráfico como en los atracos a los fondos públicos.  Sólo para recordar a dos capos de la droga, Pablo Escobar y Joaquín Guzmán que terminaron en la miseria y en la prisión perpetua.

  En nuestra Patria,  los que han robado los dineros públicos, en su mayor parte, no han podido disfrutar de aquellas fortunas ilícitas, porque unos están enjuiciados y sentenciados, y otros son prófugos de la justicia, con las familias destruidas y con la vergüenza y deshonra  que cargan en sus conciencias, que les alejan de la sociedad.   Frente a estas realidades, la gente que lleva una buena dosis de moral en su interior y tiene trabajo honesto, y puede alcanzar niveles de solvencia y de comodidad personal y familiar, debe pensar en el costo social que representa incursionar en los actos ilícitos.  Entonces, cabe la pregunta de para qué amasar fortunas ilícitas? Que habrán de convertirse en el dogal de toda la vida. (O)

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