Páginas de la historia / Jaime Guevara Sánchez

Columnistas, Opinión

Terminada la Segunda Guerra Mundial, ninguno de los pises victoriosos sabía qué hacer con los prisioneros sobrevivientes. Los judíos, internos de los campos de concentración, eran identificados por números azules tatuados en los brazos. La gente les demostraba compasión, hasta cierto punto.

El día de la victoria, en Alemania quedaban más de cien mil judíos con sus familias que preferían emigrar a Palestina antes que retornar a sus hogares en los diferentes países de Europa. Catálogos como ‘no repartibles’, un numero crecía cada día, a medida que otros judíos huían de la turbulencia y del renacido antisemitismo creado por los campos de desplazados, protegidos por los aliados.

Ante el rechazo generalizado, los judíos proclamaron el derecho de establecerse en palestina por ser ‘su’ Tierra Prometida, mencionada en la Biblia. Los británicos, administradores de palestina por mandato de la Liga de Naciones, endurecieron las restricciones para limitar la emigración judía y evitarse problemas mayores con los árabes. La inteligencia inglesa persiguió a los organizadores de emigraciones clandestinas, con más tenacidad que le demostrada contra los criminales de guerra nazis o contra los agentes secretos soviéticos.

En resumen, los judíos no eran apreciados en los mismos países de si nacimiento. Tampoco eran deseados por la población predominante árabe de Palestina.

El ‘episodio’ judío en caso singular en la historia. El mundo -la ONU- se movilizó a favor de un grupo humano, ¿étnico? ¿religioso? ¿racial? Para otorgarle territorio ‘palestino’ y estatus jurídico de Estado. La comunidad internacional reconoció, casi al instante, al Estado judío; mientras dejó guindados en un limbo geopolítico a los palestinos.

Estados Unidos y el mundo financiero judío ha inundado de fondos a Israel, convirtiéndole en poderosa punta de lanza de los intereses de Occidente, por su parte, los judíos no han esperado milagros celestiales. Su desarrollo está fundamentado en el dominio científico; su poder de defensa es armamento de última tecnología. Parámetros bajo los cuales los palestinos no son coteja.

Lo inconmensurable injusto y cruel del conflicto judío-palestino es la devaluación de la vida humana. La matanza de unos hombres por otros hombres. La muerte como única solución el conflicto. La muerte de niños inocentes, mil veces inocentes. (O)

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