Orgullo ecuatoriano / Fabricio Dávila Espinoza

Columnistas, Opinión

El 24 de septiembre tendrá lugar la primera edición del Día del Orgullo Ecuatoriano. El objetivo de los promotores de esta iniciativa empresarial es impulsar el consumo interno y la reactivación económica del país.  

Según algunos datos, no oficiales, el Producto Interno Bruto (PIB) del Ecuador habría tenido una contracción superior al 7% durante el año 2020. Este indicador económico refleja el valor monetario de todos los bienes y servicios generados en un periodo de tiempo. Claramente, el índice de crecimiento de la riqueza del país tiene un saldo negativo en los últimos años. Entonces, el día del orgullo tiene como objetivo incentivar el consumo de productos nacionales, a través de descuentos y promociones. Esta iniciativa coincide con el deseo generalizado de reactivar la economía.  Esta es la nueva prioridad después de la vacunación. 

El Gobierno central, al completar sus primeros 100 días, asegura que no descansa en el desarrollo de una Estrategia Nacional de Competitividad, que fortalezca los sectores y empresas de todo tamaño. Una mayoría significativa de ecuatorianos, aún confía en los ofrecimientos de campaña, aunque muchos se desvanecerán, cuando aparezcan de nuevas necesidades. 

La recuperación de la economía requiere eficiencia en las instituciones del Estado, agilizar los trámites que actualmente dificultan el nacimiento de nuevos negocios, incentivar la decreciente inversión foránea y reformar algunos cuerpos legales en materia laboral y tributaria. Estas acciones facilitarían el crecimiento económico. Es indudable. Sin embargo, la tarea es compartida entre las autoridades y los ciudadanos. De forma paralela, también tiene que reactivarse el orgullo ecuatoriano. 

En las actuales condiciones, el Ecuador se está convirtiendo en un lugar hostil, lleno de inseguridad, violencia y peligros; un país donde parecería que reina la corrupción; un territorio con posibilidades desaprovechadas para progresar; una nación donde la política, salvo honrosas excepciones, es un negocio; una patria con recursos naturales irreversiblemente destruidos y una tierra que muchos ciudadanos abandonan. 

El orgullo ecuatoriano, programado para incentivar el consumo interno representa una iniciativa que debería replicarse todos los días y en cada familia, escuela, colegio, universidad, taller, oficina,… Bien por los medallistas olímpicos y paralímpicos que nos han llenado de satisfacción en los últimos días. Ellos celebran el premio a su sacrificio, los demás nos unimos a la alegría de su triunfo. Esto, sin decir que sea innecesario, no es todo. El resto de ecuatorianos debemos celebrar nuestros propios logros, por pequeños que sean, diariamente. (O)

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