Nuestra catedral como símbolo. 2026

El representamen de la catedral de Ambato ofrece una visión externa, expresa una apariencia de grandeza que fue levantada sobre el dolor y la necesidad inminente de las víctimas. Su imponencia es un reclamo a la divinidad. “Padre, por qué me has abandonado”. La interpretación nos habla de “repercusiones en la mente”, y desde luego que no todos van a coincidir conmigo. Por eso y para muchos, es la objetivación del engaño que esconde lecturas ocultas y ocultadas a propósito a saber: la destrucción a dinamitazos de la antigua iglesia Matriz que fue de piedra labrada.
¿Dónde fue a parar tanta piedra? ¿Fue la idea de una iglesia caducada o se ejecutó la idea del enriquecimiento reconstructor, que hasta tuvo una Junta rotativa de Notables, descartando a la administración municipal? Según una lectura de la objetivación del engaño tenemos la desviación de los dineros que llegaban para la ayuda social a quienes quedaron sin techo. La burla del clero a la condición de pobreza de su propia feligresía encarnada en historias públicas vergonzantes de su principal, el autor de la letra del Himno a Quito.
Si Eco nos dice que para entender los símbolos hay que volver a reconstruir los signos. “dice que el intérprete -o sea, quien ve y escucha los signos- está obligado a desarrollar el ejercicio de reconstruir el símbolo o signo, aun cuando no encuentre el mensaje original. Esto es, quien recibe y escucha el mensaje es un intérprete de sus símbolos, de su intencionalidad, y debe saber para qué sirven”. Acerquémonos a la arquitectura del representamen: El rompimiento lineal y esa disposición vertical de las columnas que sostienen el campanario, es demasiado agresiva al imaginario de la humildad que busca estructuras de horizontalidad. Es una metáfora de la rigidez impostora que baja del campanario desde donde las campanas predican toda suerte de convocatorias.
Por dentro tenemos un suntuoso vacío que atemoriza al espíritu en vez de elevarlo, debido a la desproporción de los elementos iconográficos con que se han decorado. La modificación hecha con la pintura interior de su cúpula, la bóveda interior hecha a finales del siglo XX, ha modificado radicalmente ese vacío inicial, puesto que la metáfora del paisajismo incluido el del altar principal, le ha dado identidad de esa mitología de Espinosa, con entorno geográfico nuestro.
La catedral funciona en un sentido de profundidad prolongada, aunque haya sido pensada primariamente en una función de lateralidad, con atrio para una mejor comunicación con la feligresía.
Si proponemos un supuesto de códigos freudianos tendremos otra lectura de las columnas de la torre alta, mostrándonos un vigor reproductivo con erecciones hacia el infinito. En cambio, si vemos la horizontalidad de “la catedral” como ente femenino por su oquedad interior, es una mujer recostada, con puertas pudorosas hacia la calle y el parque Montalvo, que esconde la incógnita de su mundo interior. Son portalones medievales infranqueables, en la mitad del corpus, respaldados y custodiados por la Virgen de la Elevación, con que se redobla el simbolismo.
La catedral es una estructura para ser admirada desde afuera y desde lejos, con gustos y con disgustos. En su tiempo de desarrollo urbano del Ambato en ruinas, la catedral hacía su omnipresencia impactante que se ha ido disminuyendo por la competencia de las edificaciones comerciales que rivalizan con sus torres de dinero.
Podemos prolongarnos buscando explicaciones al símbolo elaborado, pero dejemos aquí la decodificación para involucrarnos con lo dicho por el semiólogo Eco: “Una alegría o una tristeza es vivida por un sujeto confrontado con un signo de alta tensión semiótica”, como es el caso de nuestra catedral. (O)
