Navidad sin fantasmas / Edison Narváez Z.

Columnistas, Opinión

Lo que nos hace sentir felices o desdichados, es la constante comparación que hacemos entre lo que fuimos, lo que somos y lo que queremos ser; esta permanente correlación mental que practicamos los seres humanos genera lo que denominamos “fantasmas cotidianos”, que evidentemente son producto de los deseos insatisfechos y que pueden ser conscientes o inconscientes.

La sociedad  de consumo en la cual nos ha tocado vivir, nos obliga a gastar en ocasiones de una manera compulsiva,   lo cual ciertamente puede generar frustración y empacho, y aunque vivimos en el tiempo de la extrema tecnología y de la cibernética, en ocasiones la utilización de nuestra mente corresponde a la edad de piedra, somos intolerantes, violentos a veces hasta inhumanos.


Ciertamente que la televisión, el internet y las redes sociales nos ofrecen  «una vida distinta», nos estimulan el deseo de todo y de tanto, y claro “obligatoriamente” hay que consumir, aunque miles de personas queden afuera de este consumo,  con el consecuente fantasma de la frustración que no hace otra cosa sino provocar el alcoholismo, la  drogadicción, y  la delincuencia. Del mismo modo muchos de los que  tienen la posibilidad de disfrutar  de la mayoría de los bienes que se producen en esta sociedad de consumo, se aburren de tanto consumo, y paradójicamente también  se drogan, se alcoholizan y delinquen. Indiscutiblemente, la sociedad contemporánea como ninguna otra en la historia ha sido capaz de generar la sensación de «frustración», y evidentemente una enorme cantidad de deseos insatisfechos.

Sin embargo los fantasmas que tenemos en la cabeza como la frustración, el egoísmo, el consabido estrés generan el mal humor, la tensión, y el caos moral ¿Qué hacer entonces? ¿Estaremos condenados a vivir con deseos frustrados?

En esta navidad, desalojemos de nuestra mente los fantasmas cotidianos, en primera aceptemos que la felicidad es un estado de satisfacción interior que está más ligado al ser que al tener, practiquemos algunas acciones que pueden convertirse en  hábitos y que nos pueden  ayudar a evitar que estos fantasmas nos pasen la factura.

Pensemos que como seres humanostenemos la habilidad de decidir la respuesta que queremos dar, esto quiere decir que no somos esclavos de las acciones que sobre nosotros se efectúan, sino libres ejecutores de nuestra conducta. Por ejemplo, si el chofer de un vehículo nos grita una obscenidad o nos toca con insistencia el pito de su carro; nuestra respuesta puede variar desde tomar un arma y dispararle para luego sufrir las consecuencias legales de nuestra débil conducta, hasta simplemente ignorarlo y no dejar que altere nuestra tranquilidad. Lo importante es que la decisión es nuestra, porque somos los responsables de nuestra conducta.

Nuestra conducta no la debe regir el capricho ni la eventualidad, debemos tener objetivos precisos a los cuales acercarnos; por ejemplo: Un título universitario, una casa o un carro, mantener una relación armoniosa con nuestros familiares y compañeros de trabajo. Cada vez que tomemos una decisión importante debemos decidir si ésta nos acerca o nos aleja de nuestros objetivos; tratando de distribuir nuestro tiempo sobre la base de prioridades, en éste sentido es importante que aprendamos a discernir entre lo  urgente, lo no urgente, lo importante y lo no importante.

Por otro lado es muy importante que practiquemos el hecho de ponerse primero en el lugar del otro, de ver las cosas desde su punto de vista; entiendo que es muy difícil de practicar, porque casi siempre pasamos más tiempo hablando que escuchando y creemos que las cosas sólo pueden ser de la manera en que nosotros las vemos. Nuestras interacciones con los otros seres humanos siempre deben ser de mutuo beneficio, por ejemplo: Nuestra relación con un cliente debe ser ganar-ganar, si yo gano y mi cliente pierde, pierdo al cliente. No existe otra opción, aunque a corto plazo otros tipos de relaciones resulten en ganancias inmediatas, en el largo plazo estas son perjudiciales.

Estimado lector, al menos por esta navidad,  le invito a desalojar esos fantasmas cotidianos que le están haciendo sufrir a usted y a los suyos. (O)

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