Nadie hable de Irán: está prohibido

Irán es un país de Asia Occidental, considerado parte de Oriente Medio. Comparte frontera con Turquía, Irak, Armenia, Azerbaiyán, Turkmenistán, Afganistán y Pakistán. Su capital es Teherán, un centro político y financiero de gran influencia regional y mundial.
La religión oficial de Irán es el islam chiita duodecimano, practicado por alrededor del 96 % de su población. Existen minorías religiosas —cristianos, judíos y zoroastrianos— que, aunque reconocidas formalmente, son perseguidas sistemáticamente por el aparato estatal, enfrentando discriminación, violencia e incluso la muerte.
Desde la Revolución Islámica de 1979, el control religioso y político del país ha estado en manos del clero chiita, encabezado por la figura del llamado Líder Supremo. Actualmente, este cargo es ejercido por el ayatolá Alí Jamenei, quien lo ocupa desde 1989 y concentra el poder absoluto sobre el Estado, incluyendo las fuerzas armadas y los poderes político, militar y judicial. Su mandato, especialmente desde inicios de 2026, ha sido crecientemente cuestionado a nivel internacional por organizaciones y activistas de derechos humanos.
Las protestas en Irán comenzaron en diciembre de 2025 como respuesta a una profunda crisis económica, agravada por el colapso del Banco Ayandeh. A ello se suman una severa crisis hídrica, una inflación desbordada, el aumento abrupto de los precios de los alimentos y la dramática depreciación del rial iraní, la moneda oficial del país. Hoy, esta crisis se ha visibilizado más que nunca y el pueblo iraní exige la atención del mundo para poner fin a un régimen que reprime y asesina.
¿Por qué hablar de un régimen asesino? Según fuentes extraoficiales dentro de Irán, el régimen de los ayatolás habría asesinado a más de 12.000 personas en apenas 72 horas. El acceso a internet ha sido cortado desde hace más de una semana para ocultar las atrocidades, y amplias zonas del país se encuentran sin servicio telefónico ni electricidad.
Ante estos hechos brutalmente inaceptables, surge una pregunta inevitable: ¿dónde está la comunidad internacional? ¿Dónde está la ONU, tan proclive a presentarse como garante del desarrollo de los pueblos? ¿Dónde están la OTAN, la Unión Europea y los organismos internacionales de derechos humanos que hoy deberían justificar, con acciones, su razón de existir?
Las mujeres iraníes encarnan una forma de feminismo profundamente valiente y dolorosamente real. Salen a las calles a enfrentar un régimen extremadamente machista, que incluso instrumentaliza a otras mujeres —obedientes y sometidas— para integrar la llamada “Policía Moral”, encargada de reprimir a quienes se niegan a usar el velo o deciden vestirse desde una libertad que les ha sido negada. No es el feminismo que se vende ni el que resulta cómodo para Occidente, sino uno que se construye entre golpes, miedo y dignidad.
Ese feminismo recuerda al de Olympe de Gouges, quien en 1791 escribió la Declaración de los derechos de la mujer y la ciudadana durante la Revolución Francesa. Sus ideas fueron vetadas, silenciadas y finalmente castigadas con la guillotina, mientras el patriarcado consolidaba únicamente la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano. Sin embargo, Olympe no murió: permanece viva en la memoria de quienes entendemos que la libertad siempre incomoda al poder.
Hoy, dolor, impunidad, indignación, rabia, injusticia, crueldad y maldad atraviesan al pueblo iraní, frente a nuestros ojos un poco impávidos y absortos. Y mientras el mundo guarda silencio, Irán arde. Callar, en este momento, no es neutralidad: es complicidad. Porque cuando se prohíbe hablar de Irán, lo que realmente se intenta prohibir es la verdad, la cruel verdad que muestra la cara del mundo actual. (O)
