Monumento a Juan León Mera / Jéssica Torres Lescano

Columnistas, Opinión

A lo largo del artículo se intenta vincular el concepto de “monumento histórico” con la gestión, instalación y posterior inauguración de la estatua de Juan León Mera. El propósito es ver la ciudad como un escenario que está plagado de huellas de imaginarios y conceptos que en su momento fueron motivo de sinergias, tensiones y luchas. Desde esta perspectiva, los monumentos son artefactos o bienes culturales que pueden o no en primera instancia tener fines de conmemoración y que son valorados como piezas de conservación histórica.

Sobre la estatua de Juan León Mera, el investigador Gerardo Nicola Garcés en su libro “Ambato Eterno” (2021, 49-54) explica que el proyecto de construcción surgió como iniciativa del Rectorado del Colegio Bolívar liderado por el cronista local Gerardo Nicola López al inicio de la segunda mitad del siglo XX. El arquitecto Gonzalo Vera Vinces elaboró un plano del proyecto que además de la estatua de Juan León Mera incluyó la representación de la novela “Cumandá”.

La colaboración de la población y entidades locales resultó vital para completar el proyecto. El artista Daniel Palacio esculpió la obra usando el material de metal recolectado de las casas de la ciudad. A su vez, se abrió una cuenta para recaudar fondos y el periódico El Heraldo contribuyó con la difusión constante de la recaudación. El mismo periódico describió la instalación de la estatua de Juan León Mera así:

“Ayer fue colocada la estatua de Juan león Mera, sobre el pedestal que se ha levantado en la laguna de Ingahurco, donde se trabaja aceleradamente en la obra arquitectónica del Monumento al ilustre padre de la Canción Nacional […] la gigantesca estatua de Mera fue colocada cuidadosamente tras muchos esfuerzos por evitar el deterioro, y atrajo la atención de numerosas personas que conocieron del particular y que se trasladaron hasta la laguna con el exclusivo objeto de admirar la escultura” (26 de enero de 1967, 11).

El proyecto fue inaugurado el 27 de mayo de 1967 con la asistencia masiva del público local y de autoridades (Ambato Eterno 2021, 49-54). El propósito del artículo es motivar a que la población transite Ambato y sus alrededores preguntándose sobre los monumentos históricos. Estos artefactos culturales que necesariamente nos trasladan hacia un pasado remoto. Aquí algunas sugerencias de inquietudes en nuestro andar: ¿a qué coyunturas locales o nacionales responden los monumentos? ¿Desde qué actores e instituciones provino la iniciativa? ¿Cuáles son los discursos que evocan? Esperamos disfrute su recorrido. (O)

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