María Luisa Tecuelhuetzin Xicohténcatl en Quisapincha. 1534

Tiene 33 años María Luisa Tecuelhuetzin Xicohténcatl, cuando se desmonta de su caballo en el que ha subido desde el mar por atrás del cerro Casha guala. Se mira en el espejo inmenso monte que desde el sur le da ese reflejo de hielo a su propio corazón. Pregunta por el nombre del ojo de la tierra que le parpadea con su mirada de plata y que ella imagina que es una de sus pirámides del sol o de la luna:
Chimbu razu, taita, apu urcu, le responden los caciques y principales que se han juntado para ver por primera vez a los viracochas que han llegado con sus peones indios.
Seguro que aquí hacen pirámides para que suban y bajen sus tonatuih por los cielos.
¿Quiénes serán estos huaira churis que los ha dispersado el mar, de un solo soplo? ¿A quién engendraría la mama cocha en sus secretas historias?
¿A dónde hemos llegado? le pregunta su hija, la niña de diez años: Leonor Alvarado Xicohténcatl, la que nació en el campamento de Otatitlán de los quichés en 1524.
A Quisa pincha…Quisa pincha, le contestan los nativos adivinando su pregunta. El horizonte se le expande hacia el oriente, y quiere saber a qué lado queda el mar y la tierra de donde las ha traído su padre don Pedro de Alvarado, desde que les dijeron que estaban en bahía de los caráquez un 24 de febrero de 1534. La niña pregunta si es junio o julio en Quisa pincha.
Bandadas de curi quingues, huirac churus, tiucu urpillas, vuelan más rápido que los ponchos colorados sobre calzones blancos que se enlodan en las carreras de los hombres hacia la plaza. Las mujeres de anacos negros y rebozos morados, corren escondiendo sus uashcas de corales, sus tupus y las joyas de sus orejas. Bajan de Calhuasig, de Jatun Illagua. Bajan yata pambas, sagua toas, cachilbanas, pugantsas, patu lomas, tondoliques y los de Chamballá. Han llegado los caballos cargando al wira cocha don Pedro de Alvarado y Contreras. Los indios de Guatemala que le acompañan, les dicen a los nativos, que eso iba a ocurrir más pronto que temprano, porque eso venía pasando en el mar de los caribes donde primero sucedió el pachacutic con el desembarco de un tal Cristóbal Colón.
¿Quién es el que les ha empujado a nuestras tierras? Se oye en el vocerío de la plaza de Quisa pincha.
Él es Tonatiuh, le contestan los que vienen en su comitiva. Viene por su cuenta porque sabemos que es Tonatiuh.
¿Por qué es un Tonatiuj?, replican los hijos del Casha huala.
O sea, es lo mismo que el Inti de ustedes, en nuestra lengua de los tlaxcaltecas. Repiten con pelos y señales.
En nuestra lengua nahualt Tonatiuh es nuestro Sol, les dicen los que han llegado con él.
Vamos a conocerlo, gritan todos y lo encuentran rubio y resplandeciente a pesar que llega cansado y enfermo por la travesía. Debe ser un hijo de Tonatiuj. ¿Será como los hijos que el Inti tiene por su Tahauntinsuyu? ¿Es un sol enfermo de tos? ¿Su cuerpo será de carnes como de runas?
Tiene ojos de cielo limpio como de llamas, y milmas de oro en sus mejillas. Cuando se quitó su casco emplumado, dejó ver que por su frente se puede averiguar por dos entrantes el misterio de su nobleza de rubias olas de un mar revoloteado en ese sol del amanecer. Pero el Sol Tonatiuh ha llegado con tos y no puede demostrar que es un sol de las alturas. (O)
